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Me acordé de un ex-compañero de colegio que una vez me dijo que no le gustaba la música ni ningún grupo. Luego comenzó a escuchar a The Beatles creyendo que eran lo mejor. Bueno, a él le parecía eso al igual que a mi me parecen increibles otras cosas. El siempre fue algo extraño: era bastante delgado, con un rostro y una personalidad extraña y se lo pasaba jugando en el computador. Unos años después comenzaría a ir a fiestas, a tomar una vaso de cerveza (de vez en cuando) y a ser normal. Ahora es uno más. No sé por que escribí esto, pero es que, honestamente, aquel sujeto siempre me desagradó. En fin, obvien esta parte. En el fondo, yo también soy un sujeto desagradable, pero la diferencia es que no estoy muy interesado en cambiar que digamos. Otra vez más, no pienso en los otros.
Al parecer tengo la habilidad inconsciente de sacarme los audífonos, apagar el aparatito ese y dejarlo a un costado. Así fue como lo encontré en la mañana. En una carpeta diferente a la que estaba escuchando cuando sospecho me quedé dormido.
O no lo recuerdo. O quizá soy programable para realizar tareas dormido. No quiero (¿o sí quiero?) pensar en lo que podría ocurrir si es que me capturara una mente diabólica para llevar a cabo sus planes de caos y destrucción. Me desperté a las 6:26 con el televisor y es que anoche, cuando me levanté a las 3:15, no quise prenderlo para no despertar a nadie. Lo volví a enchufar con el simple propósito de despertarme por las mañanas. Me volví a despertar a las 7:30 y alas 8:30, los dos plazos (ignorados) para despertar. Me desperté temprano para aprovechar que estoy sólo en la casa hoy.
Ya casi no veo televisión y ni falta que me hace. Cuando la prendo, doy una vuelta casi completa por los canales y nunca encuentro algo digno de ver. Por eso la había desenchufado en vacaciones. También me dí cuenta que ya no deseo (o creo que no hacerlo) ver películas, o al menos, no tantas como el año pasado.
Me duele la cabeza y el cuello (como siempre) pero no importa: subo la radio a mi pieza para conectarla a los parlantes. Dejo correr los sonidos decadentes y me acuesto de nuevo, tapándome hasta la cara. Se adentran en mi cerebro, hacen palpitar más fuerte las arterias o venas que lo rodean estas gargantas desgarrándose. Debo ser fuerte. No sé si el vecino escuchará. No cree/No le importa.
Miro el techo una y otra vez. Tiene razón mi hermana cuando dice que no pienso en los demás. Ahora que comienza el rugido ya no me importa nada de eso. Además, sé que aún sigo vivo ya que cada vez que levanto la vista y contemplo el blanco sucio del techo sobre mí, me parece algo nuevo en cada una de sus irregularidades y perforaciones (es de plumavit y solía tirarle dardos).
Ante ayer pensaba en como todo eso de la universidad y estudiar me parece falso, una respuesta a necesidades inventadas, modernas, sobre todo las carreras científicas. Yo no necesito ciencia para vivir. Lo sé, gracias a ello existen los computadores y el formato mp3, pero vamos, que la gente vivía sin eso y sin muchas otras cosas hace unas cuantas décadas. Como que no necesitáramos un límite. Yo me hubiera quedado con los vinilos y los cassetes sin ningún problema. Quizá la música digital y los CD ofrezcan mayores ventajas, pero también nos hacen esforzarnos menos. En fin.
Acaba de temblar y nuevamente me arrepiento de no haber estado para el terremoto. Habrá sido una experiencia terrible para algunos, pero como dice mi hermana, yo no pienso en los demás. Con el de ahora se movían las cosas y sonaban las ventanas. Esta casa cruje y se mueve con facilidad y eso me gusta. Bajo a ver si algo puede caerse, pero no, y vuelvo a subir. El otro día, mientras arreglábamos la pandereta de mi abuela que estaba a punto de caerse, pensaba en empujarla hasta que se cayera. O en que se cayera encima mientras revisaba si estaba derecha o no, al otro lado de donde, simplemente con las manos, la hacían temblar. Lo único que me quedó fue dos heridas en la mano izquierda por no usar el chuzo con guantes. No sentí cuando me las hice. Tampoco después me afectó mucho. Algo curioso (para mi al menos) es que ese dia, como tenía que preguntarle cosas, se debe de haber confundido, ya que ayer me preguntó (como siempre) y tú, ¿que cuentas? Yo, como no pienso en los demás, me hice el tonto (por no decir el weon). Tenía mejores cosas a las que escuchar.
Todo eso de que me cayeran los ladrillos encima (que probablemente hubiera sido simplemente un golpe fuerte) es por que nunca he sufrido un accidente. A lo más caerme de la bicicleta por tomar una curva muy rápido y quedar con el antebrazo inflamado e inútil por algún tiempo. Nunca me he fracturado nada, nunca he estado en coma ni nunca he sido enfermizo. Cuando guagua quizá, pero eso no cuenta.
Puse la TV luego del temblor para ver que decían. En Santiago fue de 6 grados coma algo en la escala del tal Richter. No podría decir si fue simplemente un pensamiento o un deseo mío que temblara más fuerte. Es cierto, no pienso en los demás. A veces doy el asiento. Otras me gustaría que me lo dieran a mí ya que tengo los pies con una forma opuesta al pie plano y me duelen mucho a veces. La señora me dijo gracias y luego se fue quedando dormida por el camino. Hacía mucho calor. Dudo que alguien alguna vez me ceda el asiento si le pido. Yo tampoco lo haría.
Ahora, a las 11:55, tiembla de nuevo. Bastante fuerte. No me levanto de la silla y se puede escuchar el movimiento de las cosas nuevamente. Sólo cosas. Me levanto unicamente para subirle el volumen a la radio, para disfrutarlo más.
Cuanto extraño tocar guitarra. Creo que hubiera tenido algo, un poquito, de futuro en eso si es que fuera capaz de pensar en los demás. Digo, habría tenido que formar un grupo de todas formas. Ahora mi amplificador dura unos segundos funcionando correctamente y mi guitarra se desafina fácilmente. Aquello hubiera sido un mejor y más económico regalo al que recibí, o sea, al que fue entregado en mi ausencia. Además que ahora he descubierto un nuevo mundo, al que sólo veo desde fuera ya que no me interesa lo que los seres que lo habitan puedan decirme. Me interesa y me absorbe lo que oigo desde sus profundidades ardientes. Si sólo lo hubiera descubierto antes, mientras estaba en el colegio y me aburría en los recreos. Cuando no tenía que hacer y me aburría de hablar con las mismas personas, que además eran pocas. Cuando aún tenía la guitarra. Tal vez hubiera sido todo distinto. Siempre he sido algo prejuicioso y sé que eso igual me ha perjudicado. En el fondo, yo soy lo más cercano a un culpable. Pero ahora todo parece estar bien. Basta de pensar en el pasado.
Me duele la cabeza aún, pero prefiero sentir como me perforan las entrañas y los oídos estos sonidos decadentes. El dolor se aleja.
Ya, mejor me voy a calcular el algunas área entre curvas y el volumen de unos cuantos sólidos de revolución. También tengo que volver a revisar eso del producto punto y como obtuvo el profe la ecuación. Eso de volver a clases. Al menos esta fue una semana más que relajada. Me hubiera gustado haber estado hoy allá en la universidad para ver la cruz mecerse temerosa antes los rugidos profundos de la tierra... obvien esta parte también. Lo que menos me importa son la religión y la política. Quizá también la matemática. Las tres cosas se parecen un poco. Le temo más a las coordenas polares que al juicio final. Al menos por este semestre es así. Y no sé por que dejo que sea así tampoco.
La moraleja de hoy: pensar está sobrevalorado.
Hasta la próxima y se acepta todo tipo de juicio, por muy inquisidor o cruel, en los posibles comentarios...
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las dos fotografías pertenecen a Bill Thomas. la primera se titula Piscina y Bloques de Cemento (1992) y la otra se llama Tractor y Discos Surcadores (1993). estas y otras fotografías surgieron como una forma de superar una experiencia traumática del colegio o algo así, y representan formas elaboradas (y algunas creativas) de cometer el pecado del suicidio. me gustó la cara que tiene en la del tractor...