eje roto

La energía no se crea ni se destruye

La basura no se reduce ni se recicla

Giran las palomas sin cesar

Rechazadas una y otra vez salen volando

Desde sus pedestales esféricos y calvos

Las niñas, los péndulos y las piernas

Se columpian surcando sus círculos 

Quedan inconclusos, nunca vuelan, luego crecen

O se descomponen, y todo es estático o rectilíneo

Son arcos las estelas de los satélites

Cortando el cielo, circulan sus flechas

Cómo ligeras anclas que a nada se aferran

Transmiten mensajes que alguien susurra en el vacío

Vibran sus cadenas en oscilación tan curva como cuadrada

Caen como anillos direccionados hacia manos sin dedos

Canales cilíndricos  que ondulan, la electricidad los mantiene

Funcionando funcionarios de pirámides demasiado agudas, un

Altoparlante en su punta informa

Circular número 5 del servicio de impuestos internos

No existe limitación en cuanto al tipo de vehículo, sin embargo

la depreciación que se efectúe respecto de estos automóviles

cualquiera que sea el período en que se hayan utilizado estos bienes 

Se hace presente Por otra parte, en lo que respecta a la pérdida

en forma fehaciente en vigencia toda otra instrucción

incompatible o contraria

"Declaración de amor", mural en fierro y pintura


Iba caminando bastante apurado, tal vez queriendo por un momento alejarme de tanta gente que repletaban los vagones del tren subterráneo, incluso a esa hora, poco después del horario usual de almuerzo. Alejarse un rato que fuera, porque no iba encaminado a salir de la estación si no que a combinar con otra línea, en otra dirección, y a mis espaldas seguro venía una masa de cabezas. Solo puedo inferir que así era, ya que no me di vuelta a mirar para verificar si se avecinaba un mar de gente o no, y tampoco podía oír sus pasos o sus cuchicheos. Iba escuchando el solo de un trompetista, cuando mis ojos coincidieron con la figura de un ángel ubicada en uno de los muros del andén, varios metros por sobre el suelo, tocando una trompeta celestial de caricatura, todo el ángel era una caricatura, arte naif si se quiere o alguna otra corriente por el estilo. Pero esto no importa, lo extraño fue como de pronto la música parecía venir desde esa figura de metal pintado, si hasta creí ver la trompeta vibrando, emitiendo sonidos, ir y venir, como en los dibujos animados. He visto infinidad de veces esa misma figura, pero nunca fue nada más que una decoración. En ese momento sí fue algo más, y no pude dejar de mirar hacia arriba mientras caminaba en dirección a la escalera que me llevaría a la combinación. Sopla angelito, aunque aquí abajo no se oiga más que la goma o los tacones contra el suelo, alguna tos o un estornudo, un poco de risa o un comentario al paso. En fin, sonidos mundanos, demasiado comunes ya, que nada inspiran. Sopla maldito, sopla. En eso iba, cuando una mujer que no se percató que yo no prestaba atención a mis pasos y que no miraba hacia adelante si no que hacía arriba, se me cruza por delante y chocamos, por suerte sin mayores consecuencias.

- Disculpe señorita, ¿le gusta Lee Morgan?

- No sé caballero, primera vez que lo oigo nombrar.

- Era un trompetista, uno muy bueno, sabe, que murió muy joven, pero a diferencia de otros músicos de su época, no fue ni la droga ni el alcohol ni una enfermedad lo que lo mató, fue su pareja, que le pegó un tiro mientras él tocaba en un club, la ambulancia no llegó a tiempo y el pobre se desangró ahí mismo.

- Que terrible, ni en...¿dónde pasó todo eso?

- En Estados Unidos.

- Ni en Estados Unidos se puede confiar en las ambulancias.

- Puede ser, pero dicen que esa noche la nieve cayó sin aviso en Nueva York, me imagino que no debe ser fácil manejar con nieve, imagínese que con lluvia ya se pone complicado.

- Puede ser.

- Y no sabe lo peor, porque una cosa es morir así, pero otra es que después nadie sepa ni donde está enterrado uno, o sea, tanto dolor y para que, si después el pobre terminó enterrado en un cementerio de segunda categoría, me imagino que será algo así como esas galerías del General donde está lleno de nichos con los nombres borrados. ¡La tumba de Lee Morgan estuvo perdida por más de 50 años! Como nadie lo buscó, como nadie anotó donde lo enterraron, haber hecho un mapa o algo así. Una pena, realmente, pero por suerte un hombre salió a buscarlo, después que vio una película que sacaron sobre la vida de Morgan, debe haber pensado que era inaceptable que alguien tan importante estuviera atrapado en ese olvido tan evidente. Al final pudo encontrar la tumba, estaba enterrada más de 50 centímetros bajo la tierra.

- Sabe, me hizo acordar de una cosa que vi el otro día en la televisión, sobre una ambulancia.

- A ver, cuénteme, mire que ya ni tele veo.

- La cosa es que, en el sur, en un pueblito pa' la cordillera, cerca de Liquiñe creo, ¿ha escuchado de Liquiñe?

- Primera vez.

- Bueno, yo conozco Liquiñe porque una amiga viene de allá. La cosa es que la semana pasada un hombre tuvo que llevar a su hermana en carretilla, al hospital, o quizás a la posta, sí, debe haber sido a la posta, que ni hospital debe haber en ese pueblo. En carretilla por los cerros, porque la ambulancia no iba a ir, así le dijeron, que no iban a ir para allá, y que como la mujer estaba consciente todavía no era tanta la urgencia.

- ¿Y qué le había pasado a la mujer?

- Tenía un ataque de peritonitis, como no va a ser grave eso, claro que era, si ahora la mujer está en coma inducido, la operaron al final, pero demasiado tarde parece. Ni nieve ni lluvia, la ambulancia no fue de puro malditos no más me imagino.

Ese "de puro malditos" me hizo cambiar sin más la forma en que veía a la mujer. De pronto la encontré tan interesante, tan violenta, una especie de fuego o pavesa que flotaba y era arrastrada por el viento que generaba la gente al pasar, una tras otra. Nosotros seguíamos de pie bajo el ángel.

- ¿Y usted ha tenido apendicitis alguna vez?

- No, nunca, ¿y usted?

- Tampoco, pero me imagino que debe doler harto.

- Fíjese que ni sé cómo será la peritonitis, que es lo que le pasa al cuerpo.

- A ver, revisemos.

Las imágenes eran grotescas. Apague el celular luego de ver apenas un par de fotografías.

- Mejor no quedarse ignorante en estas cosas, sabe caballero, además que en esos casos uno queda a la disposición de los médicos y nada más se puede hacer.

- Y de las ambulancias.

- O de las carretillas.

Se rio como sabiendo que no debía, mirando con indecisión a la espera de alguna señal que le indicara que ya, que ahora podía reír cuanto quisiera. Yo también reí, esta fue la señal, ya que ella reaccionó con una risa distendida y sonora. Claro que la veía con otros ojos ahora, mientras reíamos de desgracias que de pronto le pueden tocar a uno, frente a las que uno queda tan vulnerable, tan a la voluntad del resto.

- Ojalá que se recupere la mujer.

- Aunque si fallece, seguro que nadie la olvidará tan rápido, digo, si hay gente a su alrededor como para llevarla en carretilla quien sabe por cuantos kilómetros, capaz que hasta por el bosque o cruzando esteros. Además que ya salió en las noticias.

- No sabría que decirle, mire que entre la nieve, la lluvia y las hojas de los árboles, de tantos y tantos árboles que hay en el sur, no sería raro que se le termine borrando el nombre a la lápida o que quede cubierta por la tierra de hoja.

- Lo importante es tener un mapa, en la memoria, en el corazón si quiere, pero para eso hay que ir dejando marcas en la vida, hitos por donde vamos caminando, y que sea algo que el resto pueda ver o sentir. Si hacemos eso, nunca nos perderemos, no para siempre al menos. No del todo.

Entonces ninguno supo que más decir, pero tampoco ni ella ni yo parecíamos querer dar el primer paso de vuelta hacia nuestros caminos que se cruzaban y alejaban. Quizá pensáramos que era necesario marcar este punto, dejar uno de esos hitos que mencioné, aunque no hubiera siquiera un nombre que rayar en las murallas. Así que nos quedamos quietos, hasta que la siguiente oleada de pasajeros nos hizo evidente lo incómodo de la situación y lo natural que resultaba el dejar crecer el silencio que ya se asentaba entre ambos. Así que nos dejamos llevar, despreocupados de los hospitales, la muerte o la sangre, pero temiendo no poder recordar el día y la hora, al menos por mi parte. Me limité a mirar una vez más al ángel antes seguir descendiendo por la escalera, más hondo dentro de la tierra, pero se veía tan inmóvil ahí arriba, la trompeta opaca y callada. Luego miré hacía atrás más allá de donde estaba el ángel, pero la mujer ya no estaba.

no veo puerta alguna

y no logro entrar en ningún lado

establecerme en pueblo o caserío alguno

la gente, hablan otro idioma, cuando aparezco

se hacen los locos, hablan como que estuvieran locos

ríen escupiendo sangre, propia y ajena, les truenan

los dientes y los huesos

podrían seguir así por horas o días, por vidas malhabidas

pero uno tiene su dignidad, retorcida pero dignidad

a fin de cuentas

así que ahí mismo agarro mis cositas, que no son muchas

y parto en busca de otra morada

donde reine la indiferencia por último, cada uno por su cuenta

diez uñas por espalda y pare de contar

sirve también un reino de ciegos o mudos, jamás de sordos

en el peor de los casos, bastaría

con alguien que de lecciones de

introducción al balbuceo y las malas costumbres

para por fin poder comer tomar culear como bestia, como dios manda pues

mire que eso de la dignidad era puro humo, puro vapor, si uno no es nada de fierro oiga

más bien

diría que uno es de cera, se queda mucho rato bajo la ducha hirviente

y termina desparramado, medio cuerpo por el desagüe

ahí ya no hay nada que hacerle.


cosa de foco

un día ya no estaremos.

nos gustaría creer que sí,

que alguna cosa nuestra quedará

adherida a las personas o a las rocas, como un musgo, como un molusco

como un parásito siquiera.

pero aunque así le parezca al comienzo,

le aseguro que todo es asunto de perspectiva y ya,

mire que si se para aquí bien lejos, en alguna estrella aún ardiendo,

y entrecierra los párpados lo suficiente, notará

que la noche sideral sigue en silencio, igual de fría

que siempre.

y al contrario, si se sentara sobre una bactería a mirar

el firmamento, notaría que sigue igual de borroso y distante que siempre.

claro, quizá piense que podría nada más pararse en una esquina,

que allí si alcanzaría a escuchar el eco de los llantos y las risas,

pero de nada le servirá, si usted no es más que un contorno que ya empieza

a desdibujarse, y aunque pasen rostros y rostros sin parar por la avenida,

ni siquiera en vida le fue posible ver con otros ojos,

que no fueran los suyos propios.

colchoneta, de espuma seguramente

Un día acompañé a un extranjero que no habla español, para que se tomara una foto que necesita para una visa temporal que le exigen al hacer escala en París, así son las leyes francesas para con los africanos. Habíamos revisado algún local que quedara cerca de donde está viviendo en Santiago, y fuimos a uno en Ahumada, en uno de esos edificios viejos, con harto bronce, pero no tan viejos como para necesitar un ascensorista. Me pregunto si todavía quedarán ascensoristas por ahí, hace mucho no veo uno. Bueno, la cosa es que llegamos al local en cuestión, que a pesar de su nombre rimbombante e internacional, consistía en una mujer venezolana o tal vez peruana, que tomaba las fotos, las imprimía, cortaba y enviaba por correo electrónico. Estaba ahí sola, junto a su hijo, un niño de unos 5 años que miraba videos en un celular. La dueña del negocio estaba ateniendo a una mujer haitiana, de unos 40 o 50 años, de un aire muy solemne, hablaba un español con un acento sútil, sensual dirían quienes gustan de los clichés más burdos. Luego fue el turno de mi compadre, que andaba a la buena de Dios, sin saber siquiera que formato debía tener la foto. Quien lo hubiera pensado, que esta clase de fotografías, en apariencia tan iguales a cualquiera, debían respetar normativas en cuanto al fondo y al porcentaje que debe cubrir el rostro de la persona. Hicimos una búsqueda rápida, y yo sin tener certeza alguna logré convencerlo que era con fondo blanco no más, como nos indicaba la mujer del local. Se tomó la foto con fondo blanco entonces, y le pasó a la mujer un papel donde había escrito sus correos electrónicos, dos, por si acaso. Pero no recibía las fotos en versión digital, y yo sospeché que había escrito mal el correo, o que la mujer se había equivocado al transcribirlo. Así que fui al fondo del local, donde la mujer imprimía las fotos que recién le había tomado a una joven chilena que se iba a estudiar a EEUU la pobre, con lo locos que están los gingros, con sus tiroteos, sus cultos religiosos, su racismo y todo eso. Llego al fondo del local, y sin esperar autorización alguna, me asomo. Entonces vi una pequeña colchoneta cubierta con una sábana de diseño infantil, algo con osos o aviones, no recuerdo. Quién sabe cuantas horas tiene que pasar el pobre niño ahí en el local, durmiendo siesta y viendo celular, mientras su mamá trabaja tomando fotos a otros inmigrantes como ella, que desean salir del país, ya sea en forma temporal o permanente, mientras ella me imagino que solo quiere quedarse. Me recordó a otro local al que había ido hacía cosa de un mes, en Providencia eso sí, pero también un edificio relativamente viejo, en La Concepción. Lo atendía un argentino o quizá uruguayo, un hombre muy amable. Yo estaba que me meaba, así que como nunca le pregunté si no tenía algún baño que me pudiera prestar. Con una amabilidad que no hubiera esperado nunca tratándose de un chileno (y es que muchas veces me han negado el baño), me dijo que claro, que estaba a la izquierda, detrás de un mueble. Al entrar pude ver que allí mismo guardaba los platos y los vasos que usaba para comer, creo que hasta tenía un microondas. Con una extraña sensación de sorpresa y vergüenza, hice lo que iba a hacer, tiré la cadena, y me enguajé las manos. Le agradecí, lo más sincero que pude sonar, y me fui de ahí, pensando en todos los esfuerzos y sacrificios que aún hoy en día siguen siendo necesarios para muchas personas, con tal de no desaparecer, y uno aquí, pensando en que lo mejor hubiera sido no haber nacido nunca.

llovía

cuando miré en rededor.
nada reconocí como mío,
mi reino no es de este mundo.
no será acaso mi reino,
el de los hongos y las bacterias,
un reino fungible donde todo se deshace
al tacto, en ríos de oro, tan delgados
cómo un hilo de lágrimas,
un llanto esporádico latente
que aflora de pronto,
desde los huesos ramificados
desde las articulaciones anudadas
o los músculos veteados.
no hagais leña del tronco caído, dejadlo
podrirse bajo la lluvia,
sucumbir a la humedad
cómo ante diminutas agujas de plata.
que broten mis feligreses,
enlazadas sus manos bajo la tierra,
la boca muda y los ojos perdidos.
sabiéndose fruto efímero,
dejarán que la semilla
siga el camino del viento,
comunicando 
la podredumbre fértil, única verdad.
mi reino no es de este mundo.

Diviértanse, yo solo pienso

Compré un botellón de 120 para probar la harina tostada que hizo mi papá en un molino que fabricó él mismo, igual como lo hiciera su abuelo. Pero ya me he tomado casi la mitad de la botella, una caña a la vez, y ni siquiera he abierto la bolsa de la harina. Ahora mismo estoy tomando vino (anoche), pero solo vino, haciendome a la idea que se vienen todavía 5 días por delante. Conmigo muere la línea familiar.

Y que chucha la gente haciendo cola afuera de las fábricas de masas, tal nivel de chilenidad se estila que ni siquiera saben hacer una masa de empanadas decente. Absurdo además que solo en estas fechas se vean esas colas, tal es el nivel de chilenidad y amor por las tradiciones que la gente se aguanta todo un año para entregarse de lleno al copete y la comilona.

Me cansé de ser un vegano buena onda que cree correcto respetar las decisiones personales del resto, falta su Susaron 2.0 en todas las fondas del país.

en una de esas

me gusta pensar

en que tendré una muerte inesperada

pública

tal vez me caiga un fragmento, un escombro en la cabeza

tal vez me tropiece cuesta abajo, en una escalera aún por definir

o quizás solo termine sucumbiendo alguna venita erosionada

cerca del corazón, los pulmones o mi cerebro

no importa como sea que ocurra ni podría adivinarlo,

lo único que sí les podría asegurar a la distancia,

es que cuando busquen entre mis bolsillos por algún nombre o parentesco

no encontrarán más que montoncitos de sal envueltos en papel

y parches curita, sin usar

tiras y tiras de parches curita, sin usar

un mundo en la palma de mi mano

me parece razonable, del todo plausible

la teoría del big bang, aquella imagen de una tensión

primigenia que de pronto se quebrara,

saliendo disparada en cada dirección concebible,

dando origen al universo tal y como creemos conocerlo.

se verifican los fenómenos y se predicen sus trayectorias,

se avizora un destino.


pero tengo mis reparos de profano invitado,

creo en la ausencia de toda simetría en la repartición de los elementos,

y abogo por una explosión lenta, tortuosa en sus estertores

expectorando el aliento vital hasta agotarse su sacrificio.

me imagino más bien, que habrá sido tal y como cuando nos defrauda

un orgasmo mal concentrado,

que dispersa sus semillas imperfectas, de oscura materia

que darán nacimiento a estrellas imperfectas,

desde las cuáles brotarán mundos imperfectos, 

emergiendo cuales forúnculos donde se concentra toda la despierta indiferencia del universo.

despertamos a la vida cubiertos por el velo de un accidente,

nos creemos los afortunados por ser los únicos sobrevivientes en este choque en cadena

de huevos anfibios, de mundos ovalados, de estrellas fatigadas de tanto andar.


son extirpados los planetas y sus habitantes, como molestas astillas,

desde la palma cansada de alguna entidad creadora,

penetra el filo agudo de una tormenta rasgando su telita divina.

remate de libros

  • encontré un libro de oscar hahn
  • uno de esos poetas que nunca he leído
  • pero cuyo nombre emerge de vez en cuando
  • como burbujas de oxígeno alzándose desde el fondo de este mar quieto
  • son el grito y el mensaje ahogado de poetas que nos llaman desde allí abajo
  • clamando oscar haaahn, oscar haaahn
  • el libro costaba dos lucas, precisas y alcanzables
  • y leyendo el primer poema
  • me entero que miles davis se fue en cana en 1959
  • lo mismo de siempre, la misma mugre que no nos podemos lavar
  • racismo, brutalidad policiaca, el mal genio, la justicia
  • y que raro imaginar al mismo tipo que recién publicara
  • kind of blue
  • unas semanas atrás, días quizá
  • tan relajado, de modales depuraciones tonales, tan cool
  • agrediendo a un policía que seguro sintió una envidia patética
  • al ver a miles con una mujer rubia
  • tan petizo como era él, pero de una sombra enorme que retumbaba amenazante
  • fue un bastonazo al estómago, otro par en la cabeza, y pal calabozo
  • sin puntos que le pausaran la sangre que le debe haber goteado
  • marcando el pulso en 6/8
  • en el poema está miles en una celda, toca una trompeta hecha del
  • brillo bruñido de la luna o de los espejos
  • e invoca una aparición mística
  • que lo hace levitar
  • y que lo deja
  • a siete pasos del cielo

Último post

que será del viejo claudio, que se reponía con harina tostada de las paladas y las carretilladas

¿Que tenemos hoy para comer? Un rico ulpo, cortesía del ermitaño que tuesta granos sobre su estufa a leña, quizás su posesión más valiosa (a...

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