no veo puerta alguna

y no logro entrar en ningún lado

establecerme en pueblo o caserío alguno

la gente, hablan otro idioma, cuando aparezco

se hacen los locos, hablan como que estuvieran locos

ríen escupiendo sangre, propia y ajena, les truenan

los dientes y los huesos

podrían seguir así por horas o días, por vidas malhabidas

pero uno tiene su dignidad, retorcida pero dignidad

a fin de cuentas

así que ahí mismo agarro mis cositas, que no son muchas

y parto en busca de otra morada

donde reine la indiferencia por último, cada uno por su cuenta

diez uñas por espalda y pare de contar

sirve también un reino de ciegos o mudos, jamás de sordos

en el peor de los casos, bastaría

con alguien que de lecciones de

introducción al balbuceo y las malas costumbres

para por fin poder comer tomar culear como bestia, como dios manda pues

mire que eso de la dignidad era puro humo, puro vapor, si uno no es nada de fierro oiga

más bien

diría que uno es de cera, se queda mucho rato bajo la ducha hirviente

y termina desparramado, medio cuerpo por el desagüe

ahí ya no hay nada que hacerle.


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