¿Donde van los mendigos y cantantes callejeros que de pronto desaparecen?
Desapareció el caballero que cantaba un himno evangélico, primero andaba con ayuda de un bastón, luego de un burrito.
Desapareció otro señor que cantaba una de Feliciano, y pienso en ti, mi fórmula de amor, tenía bonita voz.
Nunca más vi al cabro que cantaba una canción de Vico C en la micro, cada día estaba más flaco y cansado. Recuerdo que un día lo vi como a las 6:30AM cantando, ¿acaso recibía más plata por esa hora?
Desapareció el cabro que tenía pinta de esquizofrénico y que estaba a la salida del Metro, ni siquiera pidiendo, era como que le daba vergüenza pedir. Estaba parado no más, casi como haciendo un experimento social para verificar si alguien lo ayudaba, en alguna cosa, lo que fuera.
Tampoco he visto estos últimos meses a una mujer flaca, brazos como alambres que se sacudían sin parar, tal vez por el paso de los trenes (o en una puesta en escena), que pedía por las noches en una escalera del Metro. Quizá ahora pide en otra escalera, en la salida Norte, alguna vez la ví ahí, y sentí que me estaban traicionando, o quizá solo fuera que los guardias la corretearon. Aunque no creo que sea esto último, ya que en el día a veces se ve un hombre, seguro mayor de 60 años, sentado junto a unas monedas que va ordenando en pequeñas columnas.
Hay otro tipo que cantaba y tocaba mal su guitarra, y que vivía por aquí cerca. Cuando se dió cuenta que el canto no era lo suyo (nunca le daban muchas monedas), se dedicó a vender chatarra y metales. Se llevó hartos fierros esa vez que limpiamos el espacio que teníamos libre en la casa, que esperaba un auto pero que nunca albergó más que cachureos, y que desocupamos cuando se le hizo la pieza a mi abuela. Pero a él si sé que le pasó, se murió, estando solo en su casa, creo que una prima o hermana lo encontró unos días después. Su guitarra la pintaron de blanco y la colgaron del árbol que está frente a la que fuera su casa.