Descuidado piso un caracol
Y me persigno.
Me muerdo la lengua babosa,
Escuece la herida con sal,
Se cierra el pescuezo,
Y pido el perdón a aquello
Que crea y anima los caracoles.
*****
Borrador antiquísimo, del verano, dónde pululan los caracoles, quizá incluso del verano antepasado, aquel verano tan memorable como humillante. Anoche soñé con un caracol, estaba pegado en lugar donde seguro terminaría muerto de resequedad. Lo despegaba de ahí donde estaba, lo colocaba en el suelo donde de a poco comenzaba a revivir, se abrían los párpados de unos ojos enormes pero todavía cansados. El caracol de pronto emprendía su marcha viscosa, y aunque en un comienzo parecía dirigirse hacia mi, luego tomaría camino hacia la puerta abierta y la visión de un jardín verde, un verde tan oscuro como las hojas de la espinaca. Y el caracol se deslizaba raudo, al menos para ser un caracol, hacia una vuelta como agarrando vuelo y luego salía disparado por la puerta hacia el jardín, planeando a baja altura hasta perderse entre enormes hojas. Caracoles, palomas y trigo, nada más hace falta.
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