Buitres


Los buitres vienen por oleadas, sobrevuelan el territorio por un par de días, y luego desaparecen sin dejar rastro. No necesitan mas tiempo para estudiar e identificar la geografía, nada ha cambiado gran cosa desde la última vez, y los pequeños detalles se les escapan a la distancia. 

Nunca bajan a tocar tierra, a pesar de los cuerpos desperdigados por la zona, que sucumben ante distintos grados de descomposición. Tan lejos estarán que el aroma les resulta indescifrable, les llega como una sutil mezcla de olivas maduras, cuero crudo, pintura reseca que endurece las briznas de un pincel. Tal vez sea que si logran percibir el olor de la carne, pero estos buitres tengan sus estándares y no se conformen con cualquier cosa que encuentren por ahí tirada. 

Yo les grito cosas desde aquí abajo, que digan o hagan algo, que se lancen en picada o se dejen caer como palomas ajusticiadas, que al menos graznen y rían ante el penoso espectáculo, lo que sea, pero que se dejen de vigilar ominosos desde su sitial, envueltos en el silencio que acompaña a las distancias, físicas y verbales, conjurando una amenaza o un fin que nunca llegan.

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