El año pasado también hacía más calor que la cresta, y al igual que este año yo me pasaba las tardes de los fines de semana tratando de dormir hasta que ya el calor empezaba a bajar, como a las seis. El año pasado mi abuela no salió de vacaciones, porque no se quiso ir con una hija para el norte, yo ya sé como es el norte, todo desierto, pero tampoco se quiso ir con su hijo al sur, llueve demasiado, por eso no me gusta el sur, así que vinieron a verla acá a Santiago, acá no llueve nunca, en el sur llueve que da gusto, para que la hija con la que pasó el resto del año pudiera tener vacaciones. Dos semanas estuvo el hijo, luego dos semanas la hija. Este año fue diferente, ya que el alzheimer la ha llevado a distorsionar las vivencias cotidianas a un punto en que no le desea nada bueno a la hija con la que vive acá y dice querer irse al sur con su hijo, quien nunca mostró mayor preocupación por ella, no más allá del mínimo esperable, que incluso creemos que se la cagó con plata mientras vivía con ella, el mismo weón que en medio de la pandemia viajaba semana por medio al sur con una autorización de dudoso origen, el mismo weón que por años cortó la relación con ella porque parece que algo pasó con su hija y mi abuela en unas vacaciones en Los Ángeles, por que ella nos llevaba de vacaciones al fundo donde trabajaba su hermana, y esos primos y a mi con mi hermana, las únicas vacaciones que podíamos costear en ese entonces, parece que algo le dijeron a la niña y la arpía que el hijo tenía por esposa debe haber hervido de rabia, y él acató. Pero bueno, es el hijo, el primogénito, es hombre, y antes esto pesaba, estas son cosas que el alzheimer no ha distorsionado, si no más bien pareciera que ha reforzado.
Ella dice que tal vez se quede a vivir con él allá, y yo no puedo evitar sentir una mezcla de alivio y culpa, sentir que por una parte no la hemos sabido cuidar, a pesar que ella diga frente al resto que *no podría pedir más*, y eso ha derivado en su deseo de irse, y alivio en el sentido que ya no habrán más conflictos por nimiedades, que no habrá que estar repitiendo lo mismo una y otra vez, tener que escucharla hacerse la víctima por todo, tener que escucharla hablar mal de sus hijas pero nunca del hijo, de imaginar que será lo que piensa o dice de mi, cuando yo no estoy presente, y otras cosas que no viene al caso mencionar.
En febrero del año pasado yo traté de no estar en la casa, iba en la semana al laboratorio y pretendía trabajar, avanzar en todo lo que tenía y sigo teniendo pendiente, a pesar que por semanas casi no hice más que mirar la pantalla del computador, sin saber que hacer, sin poder pensar en que tenía que hacer, y volvía tarde, lo más tarde que pudiera. Este año espero que sea distinto, aunque me preocupa el hecho de sentirme más solo que en ese entonces, y es que se han alejado personas sin saber bien el porqué, he alejado a otras teniendo viva todavía la vergüenza de lo que hice, y también he dejado a otras alejarse, las he visto ser arrastradas por la suave corriente de la rutina y los problemas que cada uno experimenta en el día a día. En ese entonces sentía que por fin había encontrado personas a quienes podría llamar algún día amigos, pero supongo que llega un punto en que tienes que aceptar que eso de tener amigos no es lo tuyo, y ya no tienes las ganas de aprender como.