Desligado no, desconectado tampoco, ya que esto implicaría que alguna vez existió un puente que terminó siendo olvidado por el departamento de mantención vial o sucumbió bajo una tormenta ante la cuál incluso las rocas se desintegrarían, aunque a veces basta nada más que la erosión continua de un cauce normal, la erosión del tiempo sobre la carne.
Digamos entonces aislado, ya sea por la ceguera o por lo indiferencia, tal vez por la ineptitud, la incapacidad de aprender a hablar y ser entendido, a escuchar y oír algo más que palabras, una tras otra sin saber quién vino antes y quién sigue a la cola, digamos que aislado por la distancia que convierte la sangre en agua sucia y las memorias en mera inspiración.
No saber vivir ni querer aprender como, no matar el tiempo, dejarse matar por él, o ella, quien sabe, y más que morir, decaer, por debajo de la piel y dentro de las orejas, sobrevivir consumiendo la obra de extraños, contemplando la vida de desconocidos y fantaseando sobre lo que no fue y nunca será.
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