Desearía viajar eternamente en un bus, escuchando música, en ruta a un destino al que nunca arribare, viajar sin parar, con la mente atrapada en cada momento

Hola

Hace mucho que no escribo en la internet algo que no sean comentarios absurdos y/o escuetas respuestas al comentario absurdo o escueto de algún desconocido, aunque peor es nada considerando que fuera de la red ya solo existen los papers científicos y alguno que otro libro. Ya nunca volví a manipular un lápiz para otra cosa que escribir números, realizar bocetos o rascarme la cabeza, y me he dado cuenta que es necesario expresarse de algún modo.

Hace muchos años solía escribir en forma algo petulante, o más bien egocéntrica, tal vez impulsado por la falta de comunicación con otras personas y la necesidad de intentar formar una personalidad que mostrar y pudiera ser aceptada. Pero la internet y las comunicaciones lentas son engañosas, ya que permiten meditar mejor las palabras e incluso analizar a tu interlocutor sin que este se de cuenta en lo más mínimo. Esto no es sano, por decirlo de alguna forma, a lo menos es deshonesto. Además, llegas (o llegué) a un punto donde sientes que no tienes nada que ofrecer y empiezas a sentir que tú mismo ya no eres valioso en la relación cibernética, olvidando al mismo tiempo que es del todo esperable que una persona se agote de una situación repetitiva y que ya lleva un buen rato estancada. El miedo al rechazo, al sentirse que estás haciendo algo incorrecto, evita siquiera intentar dar un paso más allá para ver si la cordialidad sigue amarrando las conversaciones.

Ya llevaba años en "silencio", cuando volví a caer en el mundo cibernético frente al desierto que era, es y al parecer será mi vida social. Pero la historia se repitió: luego de una breve incomodidad, llegué a un punto donde podía hablar con alguien todos los días e incluso sentirme parte de un grupo de personajes extraños que se buscaban unos a otros, para luego verme huérfano nuevamente, aunque ahora no por decisión personal. Como en la vida "real" nada cambió mucho y se había abierto un nuevo nicho en la internet, volví a mi cueva y me sentí nuevamente a salvo, agradeciendo la oportunidad de volver a hablar con las únicas personas con las que puedo hablar casi de cualquier cosa. La historia me ha enseñado que este renacido hogar también encontrará su final algún día y más temprano que tarde, me veré enfrentado al abismo que separa aquello que ha ido creciendo casi que hacia adentro, del límite que es mi piel, mi lengua y mis palabras.

Ahora vuelvo a armar un espacio por mi y, en el fondo, para mi, donde pueda al menos intentar ordenar mis ideas y experiencias, esperando superar el tufillo a petulancia que solían tener mis frases, esa forma de expresar enojo frente a lo que está fuera cuando en realidad siempre ha sido un enojo hacia adentro y que nace desde la insatisfacción y la incapacidad de aceptarme a mi mismo y desarrollar una vida de la cuál luego no me arrepienta.

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