10/02/2025

 

ciudad desierta,

vuelo de palomas

al anochecer.

cansadas del mundo,

huyen en silencio

09/02/2025

Hace calor, es domingo y estoy solo, apenas si pongo un pie en la calle, porque no hay donde ir. O sea, lugares los hay, siempre los ha habido, pero no son lugares en los que me pueda detener un momento. Y con calor no es agradable caminar sin parar. Me quedé en la casa entonces, ocupando el día con tareas fraccionadas de mantenimiento del hogar, ver un documental, comer, y escribir algo. Hasta el momento casi no he tomado el celular, ahí tampoco hay lugares donde quedarse quieto un rato, todo lo que veo invita a huir.
He comido pan fresco, que dejé leudando de ayer en la noche y cocí hoy en la mañana. Luego almorcé una ensalada enorme, tratando de reproducir aquella ensalada de nombre ya olvidado que vendían en el Pizza Hut, y que consistía, hasta donde recuerdo, en lechuga costina, cebolla en rodajas, tiras de pimentón rojo, orégano y alguna clase de salsa de color blanco. No creo haberla reproducido a cabalidad, pero la verdad apenas si recuerdo como era, ya han pasado muchos años desde la última vez que me comí una de esas ensaladas. Creo que incluso mis papás seguían juntos aquella vez, o al menos seguían intentando estarlo, pero no estoy seguro de eso, ni de la composición original de la ensalada. No importa tampoco, la lechuga y el vinagre por si solos bastan. Luego me comí unos fideos con salsa de tomate y soya, usando parte de la salsa que me quedó de ayer. La misma salsa con la que ayer acompañé unos tallarines resecos que estaban de hace dos días esperándome en el refrigerador. Estoy tratando de desperdiciar lo menos posible, y generar así la menor cantidad posible de basura. Es que siempre olvido sacarla a tiempo.
De antemano sabía que la ensalada y los fideos eran demasiada comida, hace tiempo que el estómago parece haberseme achicado un poco, un cachito al menos. De pronto las tripas sonaron como cuando escuchas los truenos a lo lejos, antes de la lluvia. Pero por suerte esto no pasó a mayores. Como también me quedan un poco de frambuesas, que en cualquier momento se pueden echar a perder, son muy delicadas las frambuesas, pensé en como las podría utilizarlas en forma más interesante que preparando jugo otra vez. Me acordé del pisco, y luego de una rápida búsqueda en internet para evitar cometer un error previsible, me hice un trago con frambuesa, pisco, un poco de jugo de limón y hojas secas de yerba buena. Se salvaron las frambuesas y de paso puedo tomar alcohol, que estos días me hace más falta que nunca, con tantas horas vacías.
El documental era sobre el robo de una pieza de arte, ocurrido hace casi 20 años en el museo de Bellas Artes en Santiago. Recuerdo haber escuchado la noticia en su momento, pero nunca le di mucha vuelta al asunto, ni nunca escuché a nadie más darle mucha vuelta al asunto. Pero ahora que vi el documental y pude conocer más detalles de la historia, con sus distintas versiones e interpretaciones, me llamó la atención el asunto. Resulta interesante como el acto de sustraer la escultura y luego retornarla, suscitó mucho más interés y discusiones, que lo que hubiera podido hacer la escultura por sola, de haber permanecer intacta en su sitial. No tenemos mayor formación artística en este país, yo incluído, y muchas veces las apreciaciones se limitan a resaltar lo bonito de una obra. O lo absurdo, cuando el significado no es tan obvio o da flojera buscarlo, o derechamente no lo hay.
Respecto a escribir, intentando superar esa idea estúpida de tener una máquina de escribir, nacida luego de leer la introducción del Diario Estúpido y pensando que yo también podría escribir una página por día, de lo que sea, pero una página, preferí optar por un humilde cuaderno Ross de tapa desteñida, que dejé abierto sobre la mesa junto a un lápiz Paper Mate Kilométrico. 
Pensé que tendría más cosas que decir, mientras me paseaba por la casa, y que esto me ayudaría a preservar ciertas frases o imágenes que de pronto le vienen a uno. Si son buenas o malas frases e imágenes, eso habrá que evaluarlo más adelante, pero difícil hacerlo si ni siquiera se es capaz de recordarlas. En primera instancia escribí:

días como un abrir y cerrar de ventanas
la primera agua de la mañana
levanta dudas como nubes de pequeñas moscas
efímeras cuestiones aladas
buscando la carne fértil donde procrear 

Y es que hace calor, y por lo general la primera acción luego de despertar es abrir las ventanas. Además, siempre dejo restos de frutas o verduras en la cocina, estando solo no siento impulso alguno por mantener la limpieza en forma constante, una vez al día basta, y esto atrae a las pequeñas moscas que vuelan como cenizas a merced del soplido ardiente del fuego.
Más tarde, luego de almorzar, apunté:
de puro aburrido
como en demasía, para aparentar
que existe un cansancio por saciar
como si estos no fueran días de vegetar
cuál hongo, escondido del sol
tiemblan las tripas, resonando una tormenta
truenos canalizados que contiene la piel del cielo
Más tarde, volviendo a sentir ese silencio que se ha instalado en las tardes de verano en el barrio, recordé que lo mismo ocurría cuando pasábamos los veranos en el sur, en un pueblo tanto o más caluroso que esta ciudad. Tratábamos de dormir siesta, mientras se escuchaba a lo lejos un viejo con su motosierra:

silencio
escucha
de pronto estoy en huepil, año 2006
y las calles aún son de tierra y están vacías
es tanto el calor, tan lejano el río
un demente por ahí se dedica a reducir un tronco
a preparar la leña, planea avivar el fuego y que el pueblo
desaparezca y abandone su humillante agonía
de conjuntos habitacionales, de viejos postrados, de pequeñas
mansiones erigidas sobre pozos secos.
el pueblo en llamas,
se esconden las gallinas y los patos en las acequias
es el año 2006 y aún llevan agua.
aguantan sumergidos hasta que empieza a salir
olor a cazuela.
sucumben luego las chacras con sus raíces enredadas,
los perros amarrados estaban abrazados con sus pulgas
cuando los pilló el fuego.
luego es el turno de las casitas de palo y zinc,
las casas de adobe quedan como platos
de negra greda, vacíos.
de los modernos conjuntos habitacionales, en la periferia,
solo resisten los esqueletos metálicos.
cientos fallecen en el lugar, y el fantasma de un tren
pasa a recoger las almas de quienes no supieron partir.
el cementerio, de tan retirado, salva intacto
pero su único sepulturero, abrumado de tantos hoyos
que esperan ser vaciados,
se arroja a su propio nicho.
no queda nadie para darle un nombre a las rocas, para manifestar
el polvo y la tierra.
es el año 2006, el pueblo ha sido consumido
en la que parece ser una pesadilla febril de nunca acabar:
un mes después del siniestro, las hectáreas han sido
saneadas y despejadas de sus recuerdos carbonizados,
y al año siguiente,
ya han brotado los primeros pinos.

Nada que ver, pero ayer al fin fui a la Feria del Libro Usado, más por dar la vuelta que por esperar encontrar algo, y a buen precio, además. No sabría decir si estaba cara o no, siendo yo una persona acostumbrada a comprar libros por dos lucas en la feria de los domingos. Una señora hablaba que ya había gastado 50 lucas (!). Pero de todos modos, no me deja de sorprender como se me aparecen los libros, como ayer que altiro se me apareció uno de un autor nacional de quien quería leer algo hace un tiempo. También estaban dos tomos de En Busca del Tiempo Perdido, el segundo y el tercero, a 9 lucas cada uno, pero que hago si no tengo el primero (tengo solo la mitad, comprado a luca en la feria, pero aún no lo empiezo). O quizás no es que los libros se le "aparezcan" a uno, quizá las probabilidades no son mínimas, en lo absoluto, pero para que dejen de ser cero, se necesita salir a la calle, aunque sea para caminar sin detenerse en ningún lado. 
 
 

 

08/02/2025

 


Realizas actos que podrían pasar por verdaderas obras de arte, si así lo quisieses. Después de todo, que importancia tiene si una obra es arte o no lo es, nadie le ha preguntado nunca su opinión a un globo ocular centelleante o a un cartílago que se deshace tembloroso. He conocido personas obsesionadas y quemadas por el rencor, apabulladas por el desprecio de almas que nada tienen que decir ante sus creaciones que ofrecen al mundo, sin pedir nada a cambio. Todos somos un poco como moscas, pero estas personas mudas se niegan a aceptarlo y hacen de todo para tratar de olvidar esta evidente observación. Como moscas, debemos sacrificarlo todos mientras nos queden alas y al menos dos patas. En nuestro caso, puede ser que ninguna, pero se recomienda tener al menos un rodilla completa para realizar el siguiente acto. Te balanceas sobre el vello tensado que te arrancaras desde una axila a la que le negaste tu cariño, lo dejas amarrado en sus extremos entre la nave principal de una iglesia y la torre de refrigeración de una planta nuclear. Abajo a lo lejos hay decenas, quizás cientos de mendigos con sus brazos abiertos, seguidos por unos cuantos perros de lomos ocultos entre tanto pelo enredado, erizado, apelmazado. Ofrecen los mendigos sus manos para recibirte, cuentas con que no se trate en realidad de niños de terribles infancias, esperando se reviente la primera piñata que ven en sus vidas. Primer paso, y se estremecen las palomas apostólicas. Segundo paso, y llueven de pronto pétalos fluídos. Tercer paso, la sesera abierta de antemano, como una nuez agusanada, como una cabeza de repollo rebanada. Se escurre un líquido oloroso que va tiñiendo los papeles, pero no hay ningún respiradero para la tierra a la vista, en diez kilómetros a la redonda.

Del "Diario Estúpido", por Cecilia Vicuña (2)

16 de abril

Todo es incurable.

Me asalta la sensación de que no tengo piernas.

Esto aparte de tenerlas. Quiero decir que hay otra cosa más que

me cuelga, con movimiento y fuerza propia.

Además no he podido enterarme qué es lo que he soñado.

Me saltan, digo nuevamente inseguridades.

Hace tiempo que no escribo. Me siento casi paralizada.

Mi profesión es la poesía.

No tengo necesidades ulteriores.

No debo yo bajar a la parte norte del río. Donde me impartirán

obligaciones, como hacen con todo el que ahí entra en

intenciones de ser mejor,

Más grande, más conocido.

Las circunstancias me han llevado a seguir aparentemente esta

carrera

Cinematrográfica o de universidad

El lucimiento de la personalidad que aquí acaece no es menor

que el del celuloide.

Las almorranas que se hacen indispensables y otras actitudes

tan bien conocidas.

Me siento fría y enferma, pero se supone que no debo

quejarme. He tenido acceso a la bolsa blanca.

Y esto ya es para apartarse. El olor del invierno ya es

repugnante.

Verlo tirarse sobre mi cabeza. Llenándome de frío,

esa parte de los muslos que es la que a mí me interesa.

Mi poesía como pulpo, las ventositas chupando.

(¿si fuera algo para soliviantar?)

Además, toda esa tarde tendidos en tu barba me vino al pelo.

Encontré que había pasto peludo y pasto pelado.

Así como árboles chascones y peinados.

Árboles café claro, oscuros, raros, pelucones, llenos de larvas.

Del ciento y árboles para chocar con los aviones.

Árboles inseguros y otros mucho más gordos.

Unos dignos de elefantes, otros de mariposas.

Esta variedad es igual a la variedad humana

si se los considera bien

Y no muy seriamente para poder llevar a cabo la teoría,

cabalmente.


04/02/2025

Pensaba en que otras cosas podría haber estado haciendo, y le daba rabia. Leer frases precisas, imagenes carentes de toda ambiguedad, el resultado de esfuerzos inútiles. Granitos de arena en una playa, no, en la caja de un gato, sí, este trabajo y sus resultados constituían otro hito más en el desarrollo humano que ahora dejaba enormes forados en la tierra, liberando nubes de polvo y humo, para que los gatos de personas solitarias viviendo en departamentos hermanados, una extraña familia donde no vale la pena ir más allá de los tíos, los primos, tuvieran donde defecar sin ensuciar el lugar. Las personas no están hechas para vivir así, rodeadas por todos lados, adivinando cientos de ojos en la distancia y sin tener a donde huir cuando acechan las voces apantalladas por la tabiquería. Es por esto que se ven empujadas a tener gatos y perros en miniatura, se les ve por las tardes paseando dichas alimañanas, un ojo en el teléfono y el otro en la calle, no vaya a ser que pase un lanza y se los robe, el celular o el perro. Y los dejan orinar donde sea, que extraño resulta esto, porque si en lugar de un perro con moño y correa multicolor, fuera una persona de vejiga pequeña, que tomó más líquido del recomendado y no contó con la escasez crónica de baños públicos en esta ciudad, que pensó poder apretar quien sabe que músculo hasta llegar a su casa pero no fue así y tuvo que buscar un rincón o fabricarse uno y mear y sentir un alivio que tal vez los perros que viven en departamentos también sienten cuando al fin les toca salir pero los perros son traídos al mundo por humanos solitarios, así como nosotros mismos. Que diferencia hay entonces. Entonces la gente de los perros miniatura, al ver que la tarea está cumplida y un árbol, un basurero, el pavimento o la pata de una silla en un café fueron rociados con la orina de su perro, vuelven entonces a su lar, solo para darse cuenta que olvidaron bajar la basura y vuelve a dejar al perro encerrado o quizá lo dejan salir de su claustro una vez más, aunque sea tan solo para ir hsta el basurero y dejar los desechos de alimentos malhabidos y sus envases plásticos ya inútiles. Otra tarea cumplida, cultura cívica en todo su esplendor. Más tarde vendrá un trabajador de sueldo mínimo para acarrear los enormes basureros que hieden a materia orgánica descompuesta, cerveza seca, un leve aroma a aceite rancio. Una vez en la vereda, los basureros ya son responsabilidad de los camiones de la basura y sus habitantes fosforescentes, que como insectos secuestrados por una colina invasora, acarrean el alimento maloliente para alimentar a la reina. En el internanto, a la espera del zumbido mecánico que chilla al triturar los huesos, pasa un hombre con un perro casi rídiculo, que levanta una pata, y mea uno de los basureros.

Y se supone que es este el mundo al que tengo que aspirar poder formar parte algún día. Para eso tanto esfuerzo leyendo estas frases llanas, tiesas como recién fallecidas.

01/02/2025

vine a entender un poco lo que pasó cuando vi que estaban todos los compadres en círculo bajo un árbol, a la vuelta de la esquina. yo iba camino al almacén, el piño que cubría toda la vereda, se abrió para dejarme pasar. pude reconocer al de la basura (aún llevaba puesto el uniforme) y al guatón barbón que se bajó del auto por la derecha para cambiarse al asiento del chofer y dar vuelta la máquina, mientras otro weón más grande y con cara de malo volvía caminando desde la avenida, junto al de la basura. ahora, a la sombra del árbol, hablaban algo acerca de una falta de respeto, que al culiao no lo cachan acá y otros asuntos que no logré discernir al pasar junto a ellos. a sus pies estaban unas cinco o seis bolsas plásticas vacías con sus respectivas bombillas, de esas donde venden mojito en la feria. algunas latas de cerveza también, pero estaban piolita pasando el rato, se les notaba relajados, seguros de su posición, indiferentes al auto que había quedado con el parabrisas reventado a unas dos cuadras más allá, una hacia arriba hasta el otro pasaje y luego otra más a mano izquierda, hacia la avenida. ni idea que les habrá dicho o hecho el conductor de ese auto que quedó botado, es probable que los pasó a chocar o a pegar un topón y pensó que podría arrancar, pero los pasajes son estrechos y cortos, no tanto como en otros lugares, pero lo suficiente como para que le hubiera ido mejor metiendo chala por la calle ancha. tal vez tenía con sangre en el ojo a algunos de los que estaban reunidos bajo el árbol, tal vez les fuera un completo desconocido, quizás alguna vez fue parte del grupo ahora reunido en torno a su propia humillación. luego que ocurriera el encuentro, con su ruido de vidrios estallando y ruedas chillando al frenar, salió una vieja de esas que lo ven todo desde sus tribunas secretas, dijo que en el auto reventado andaba un hombre, que estaba a guata pelada y tenía rulos, aunque tal vez solo fue que perdió la polera tratando de zafar del weón con cara de malo, quien andaba acompañado por el de la basura. dos contra uno, así que no le quedó otra que salir apretando cuea y dejar el auto tirado en el cruce del pasaje con la avenida. fui a mirar otra vez, recién, y el auto ya no está. soldado que arranca, sirve para otra guerra, dicen.

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