vine a entender un poco lo que pasó cuando vi que estaban todos los compadres en círculo bajo un árbol, a la vuelta de la esquina. yo iba camino al almacén, el piño que cubría toda la vereda, se abrió para dejarme pasar. pude reconocer al de la basura (aún llevaba puesto el uniforme) y al guatón barbón que se bajó del auto por la derecha para cambiarse al asiento del chofer y dar vuelta la máquina, mientras otro weón más grande y con cara de malo volvía caminando desde la avenida, junto al de la basura. ahora, a la sombra del árbol, hablaban algo acerca de una falta de respeto, que al culiao no lo cachan acá y otros asuntos que no logré discernir al pasar junto a ellos. a sus pies estaban unas cinco o seis bolsas plásticas vacías con sus respectivas bombillas, de esas donde venden mojito en la feria. algunas latas de cerveza también, pero estaban piolita pasando el rato, se les notaba relajados, seguros de su posición, indiferentes al auto que había quedado con el parabrisas reventado a unas dos cuadras más allá, una hacia arriba hasta el otro pasaje y luego otra más a mano izquierda, hacia la avenida. ni idea que les habrá dicho o hecho el conductor de ese auto que quedó botado, es probable que los pasó a chocar o a pegar un topón y pensó que podría arrancar, pero los pasajes son estrechos y cortos, no tanto como en otros lugares, pero lo suficiente como para que le hubiera ido mejor metiendo chala por la calle ancha. tal vez tenía con sangre en el ojo a algunos de los que estaban reunidos bajo el árbol, tal vez les fuera un completo desconocido, quizás alguna vez fue parte del grupo ahora reunido en torno a su propia humillación. luego que ocurriera el encuentro, con su ruido de vidrios estallando y ruedas chillando al frenar, salió una vieja de esas que lo ven todo desde sus tribunas secretas, dijo que en el auto reventado andaba un hombre, que estaba a guata pelada y tenía rulos, aunque tal vez solo fue que perdió la polera tratando de zafar del weón con cara de malo, quien andaba acompañado por el de la basura. dos contra uno, así que no le quedó otra que salir apretando cuea y dejar el auto tirado en el cruce del pasaje con la avenida. fui a mirar otra vez, recién, y el auto ya no está. soldado que arranca, sirve para otra guerra, dicen.
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