04/02/2025

Pensaba en que otras cosas podría haber estado haciendo, y le daba rabia. Leer frases precisas, imagenes carentes de toda ambiguedad, el resultado de esfuerzos inútiles. Granitos de arena en una playa, no, en la caja de un gato, sí, este trabajo y sus resultados constituían otro hito más en el desarrollo humano que ahora dejaba enormes forados en la tierra, liberando nubes de polvo y humo, para que los gatos de personas solitarias viviendo en departamentos hermanados, una extraña familia donde no vale la pena ir más allá de los tíos, los primos, tuvieran donde defecar sin ensuciar el lugar. Las personas no están hechas para vivir así, rodeadas por todos lados, adivinando cientos de ojos en la distancia y sin tener a donde huir cuando acechan las voces apantalladas por la tabiquería. Es por esto que se ven empujadas a tener gatos y perros en miniatura, se les ve por las tardes paseando dichas alimañanas, un ojo en el teléfono y el otro en la calle, no vaya a ser que pase un lanza y se los robe, el celular o el perro. Y los dejan orinar donde sea, que extraño resulta esto, porque si en lugar de un perro con moño y correa multicolor, fuera una persona de vejiga pequeña, que tomó más líquido del recomendado y no contó con la escasez crónica de baños públicos en esta ciudad, que pensó poder apretar quien sabe que músculo hasta llegar a su casa pero no fue así y tuvo que buscar un rincón o fabricarse uno y mear y sentir un alivio que tal vez los perros que viven en departamentos también sienten cuando al fin les toca salir pero los perros son traídos al mundo por humanos solitarios, así como nosotros mismos. Que diferencia hay entonces. Entonces la gente de los perros miniatura, al ver que la tarea está cumplida y un árbol, un basurero, el pavimento o la pata de una silla en un café fueron rociados con la orina de su perro, vuelven entonces a su lar, solo para darse cuenta que olvidaron bajar la basura y vuelve a dejar al perro encerrado o quizá lo dejan salir de su claustro una vez más, aunque sea tan solo para ir hsta el basurero y dejar los desechos de alimentos malhabidos y sus envases plásticos ya inútiles. Otra tarea cumplida, cultura cívica en todo su esplendor. Más tarde vendrá un trabajador de sueldo mínimo para acarrear los enormes basureros que hieden a materia orgánica descompuesta, cerveza seca, un leve aroma a aceite rancio. Una vez en la vereda, los basureros ya son responsabilidad de los camiones de la basura y sus habitantes fosforescentes, que como insectos secuestrados por una colina invasora, acarrean el alimento maloliente para alimentar a la reina. En el internanto, a la espera del zumbido mecánico que chilla al triturar los huesos, pasa un hombre con un perro casi rídiculo, que levanta una pata, y mea uno de los basureros.

Y se supone que es este el mundo al que tengo que aspirar poder formar parte algún día. Para eso tanto esfuerzo leyendo estas frases llanas, tiesas como recién fallecidas.

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