Ángeles, espíritus regocijándose

Al pasar la curva que hace la calle, frente al jardín infantil abandonado, fui sorprendido por una humareda que se desplazaba lenta, siendo arrastrada por los escasos vehículos que circulaban a esa hora. Pensé que se estaba quemando alguna casa por ahí cerca, pero no sé oían ni sirenas de alarma ni gritos de auxilio. Avancé unos metros más, y descubrí que el humo emanaba desde el patio de una casa que tenía un portón cuyos tablones estaban demasiado separados entre sí. Miré hacia adentro por entre las maderas, evitando inclinar demasiado la cabeza para no ser sorprendido espiando, y vi que en el patio se encontraba un hombre sentado ahí, solo, junto a una parrilla encendida que humeaba como si estuviera lista para alimentar a decenas de personas. Mas no había nadie junto al hombre sentado ahí en su patio, solo, vigilando la parrilla y acompañándose con las cumbias que escogiera como la música para preparar el ambiente. La puerta que daba al patio estaba abierta y se veía el interior de la casa iluminado, pero no alcancé a ver ningún ir y venir de platos, piernas y vasos ahí dentro. Me pregunto que habrá estado celebrando o conmemorando, aquel hombre solo.

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