un final previsible

Me enamoré de una mujer que nunca sabrá que estoy enamorado de ella. Se apoda Dani, tal vez no sea su nombre real, pero eso que importa. Los nombres reales son apenas necesarios entre personas que se pueden ver los ojos y van a ser necesarios entre dos personas que nunca van a leer siquiera un mensaje de la otra. Tampoco nunca sabré como se ve ella, la Dani de carne y hueso, me basta esa imagen de una manzana con ojos y boca, y es que se puede saber más sobre su sentido del humor con esta imagen que con una fotografìa de su rostro, eso es seguro. Yo tampoco muestro mi rostro, tengo la imagen de un niño poseído por un demonio, en una escena previa a su exorcismo. Supongo que esta imagen no dice nada sobre mi sentido del humor, acaso sugiera que carezco de uno.

A la Dani la encontré en una página sobre cine, nuevamente topandome a una persona a quien nunca conoceré gracias al cine, parecer ser un mal chiste. Es una página donde las personas pueden llevar registro de las películas que han visto y dejar comentarios irónicos o análisis profesionales del más alto nivel. A mi me ha servido para darme cuenta que he visto unas 550 películas a lo largo de mi vida, menos de lo que hubiera podido suponer. Llegué a su perfil gracias a que ella es la única persona que ha indicado que le gusta un documental con el que me topé hace un tiempo, la única dentro de las cinco personas que dicen haberlo visto. Es un documental trágico, de un autor al parecer comprometido con las historias humanas de la opresión y la exclusión. Creo que supe de la existencia de dicho documental al revisar un listado de todas las películas chilenas realizadas entre los años 1960 y 2010, luego de darme cuenta que no conozco nada de cine chileno. No sé de donde Dani habrá conocido el documental, tal vez se lo mencionó una amiga, habrá visto otra obra del mismo director, tal vez incluso realizó el mismo ejercicio que yo revisando un listado de películas chilenas, solo espero que no haya sido una pareja o pretendiente quien fuera la persona detrás del descubrimiento. Me intriga saber que le habrá gustado del documental, yo casi me pongo a llorar con la muerte de su protagonista, quien se suicida en la soledad de una mediagua donde vivía, o sobrellevaba una vida de lucha en contra de la adicción y la marginalidad, pero al mismo tiempo hay una idea que se alza por sobre la tragedia, que alimenta la ilusión y nos hace creer que es posible doblegar a la soledad y la desesperanza, mientras contemos con el apoyo de hermanos y hermanas de sangre, o de barro y lágrimas. Me pregunto si la Dani habrá sentido ganas de llorar, o si sintió una rabia irradiando desde algún lugar inconsciente de su cuerpo, incluso una rabia sollozada, bufando como una niña frustrada con el mundo, que no sabe porque siente lo que siente ni como resolverlo, pero que sabe que algo no está bien.

Con este documental que menciono hubiera bastado para hacerme caer en una nueva obsesión malsana, pero al revisar el listado con las películas que ha visto y que le han gustado, caigo de lleno en un mundo espectral donde se proyectan futuros que no serán, conversaciones que nadie oirá y miradas incómodas que se cruzaran de pronto, queriendo ver sin ver visto. Revisando el listado (ella ha visto más de 700 películas, necesito ponerme al día), noto que hace poco vio La Noche De Los Muertos Vivientes, 4 estrellas, que sería lo mínimo que se merece; también Las Vírgenes Suicidas, que yo tengo pendiente luego de ver Lost in Translation, aunque al parecer no fue de su gusto; Perfect Days y Fallen Leaves, que formaron parte de un festival de cine reciente, yo no pude ir a verlas, apostaría que ella sí fue y las vio ahí; clásicos innegables como Paris, Texas (mi antiguo blog se llamó un tiempo Meridian 1520), Mi Vecino Totoro, Los Siete Samurais, o Fallen Angels (pero ninguna más de Wong Kar Wai, curioso); Vagabond y Ladrones de Bicicletas, grata sorpresa; películas extrañas como Stalker, Eraserhead, Ichi The Killer o el Gabinete del Doctor Caligari. También hay detalles que me dejan confundido, como por ejemplo que no haya indicado que le gusta Akira (aunque si El Fantasma en la Máquina), Magnolia, Donnie Darko o Vertigo. Lo bueno es tal vez podríamos ver juntos otra vez La Cosa, Sin Lugar Para Los Débiles o El Silencio De Los Inocentes. Otro detalle que parece indicar que, en mi delirio, somos complementarios, seres incompletos que juntos podrían expandir sus mentes y sus vidas, violar aquel principio que dice que 1+1=2, es que a ella parece gustarle el cine moderno, del 2000 en adelante, mientras que para mi la cosa va en reversa desde el mismo punto. Ella podría recomendarme películas que de otro modo yo no hubiera considerado ver o me hubiera tomado años en conocer de su existencia, como Vidas Pasadas, Fire Of Love o Marcel the Shell With Shoes On. Yo le diría que vea otras de Kurosawa, ojalá Ikiru o Dersu Uzala, que vea Rojo, o Blanco o Azul, o las tres, y también Umberto D, considerando que le gustó Ladrones de Bicicletas, o Cinema Paradiso, como no has visto Cinema Paradiso todavía Dani.

El broche de oro es que le gustaron Pollitos en Fuga 1 y 2, ¿será acaso que la Dani es vegana? ¿O que al menos está en un punto donde podría llegar a serlo y solo necesita un pequeño empujón? Podríamos entonces ir a tomar vino con frutillas o cervezas a ese local de Baquedano, mientras la escucho hablar de alguna película que no le gustó, reir de la pésima elección de la banda sonora, que abusó de ese recurso ya trillado de usar canciones populares, escucharla repetir un diálogo ridiculo, forzado o incómodo, que se le quedó grabado en la memoria por el nivel de tal desacierto, tan inesperado para un director como ese, hablar sobre como todo iba bien hasta esa escena donde trataron de explicar algo que no necesitaba ser explicado, y yo la escucharía y no mucho más que eso, porque nunca recuerdo las películas cuando corresponde hablar de ellas, o tal vez me animaría a contarle sobre alguna que ella no conozca, y la podría ver reir nuevamente, pero ahora de mis enredos y tropiezos al hablar. Podríamos después acordar ir un día de estos a ver una película a uno de esos cines destartalados que aún quedan en Santiago, y en medio de la oscuridad nos mirariamos de frente y entenderiamos que la película es pésima y haríamos todo lo posible por contener la risa cómplice, nos levantaríamos pidiendo disculpas a quienes siguen creyendo que es una película buenísima, y saldríamos a caminar por ahí, y ya no hablaríamos de películas, quizá de nada, tal vez solo caminar y pensar en como una historia que se gestó desde una tragedia absoluta, de pronto parece poder ser un drama enternecedor y misterioso, una de esas películas románticas que no se tratan ni encuentros apasionados ni de rupturas exasperantes si no que más bien se dedican a preguntar que es el amor, si acaso vale la pena llegar a una definición del amor, imaginarnos como en una película de Rohmer, sentados y tomados de la mano en la cima del Santa Lucía, esperando un destello rojo, azul o verde, que importa el color, una breve señal que nos indique que esta historia nuestra vale la pena vivirla, relatarla. 

un verano para no recordar

- Me preguntas que hice este verano, pero si tú lo sabes, es obvio, lo único que hice y que puedo recordar es haber visto muchas películas, aunque menos de las que pensaba que vería, solo vi unas 20 o 25 en estos 60 días de verano, eso es mucho menos de una al día, no sé cuanto menos, pero menos, y es que por ejemplo, ni siquiera empecé a ver de nuevo esa, ¿como se dice trilogía pero cuando son diez partes?, bueno, se entiende, esa sobre los pecados pero que en realidad no es sobre los pecados pero igual, también se entiende de que van, verla como corresponde y no a pedazos en internet, o completa en una página religiosa, porque al parecer los religiosos pensaban que realmente las películas trataban de los pecados, que eso era lo más importante, y yo esperaba lograr entender, viendo las películas otra vez, quien era el tipo ese que mira en todas y cada una de las películas, ese tipo que pareciera no estar haciendo nada, ni siquiera existir tal vez, realmente, pero que al mismo tiempo se inmiscuye en las vidas de los personajes y hasta se podría decir que define sus rumbos y destinos, pero ni siquiera vi la primera, me dediqué a ver otras que conocí por ahí, porque, claro, tú no pudiste recomendarme ninguna más, pero al menos me mostraste esa de la mujer que todo le sale mal y luego termina sentada frente al mar junto a un desconocido, esperando un fulgor verde que pareciera indicar que han entrado a otra realidad, un futuro alternativo, donde las cosas ahora si saldrán bien, al menos en lo que se refiere al amor, y hablando de amor, la última película que vi fue una japonesa, sobre dos desconocidos en internet que se topan en un foro de los 90s, donde discuten y comentan sobre películas, pero la que resultaba ser una mujer en realidad y no un hombre como dijo en un comienzo, en realidad no veía películas, imaginaba que las veía, construía la sucesión de acciones asociadas a ir a ver una película en un cine, debido a que vivía demasiado lejos de cualquier cine, utilizaba para esto el recuerdo que tenía de quien sabe cuantos años atrás, de la última vez que fue a un cine, y hablaban de todo, inventaban de todo, necesitaban sentirse interesantes, tal vez intuían que lo que sentían no podía ser solo una amistad, mucho menos una amistad que pudiera quedar circunscrita a los correos electrónicos, pero las distancias parecen ser mucho más extensas en Japón, además que en las películas solo te muestran unos cuantos segundos del viaje desde una región a otra, primero están en el andén, luego en el vagón mirando un campo verde, y luego ya están en Tokyo, la magia del cine, y siempre es un tren, les encantan los trenes, de hecho no recuerdo alguna película japonesa donde viajaran en bus, aunque tampoco he visto demasiadas, siempre viajan en automovil o tren, tal vez en bicicleta los tramos más cortos, ¿pero en bus?, jamás, quizá sea que les avergüenza reconocer que a pesar de todos los avances que han desarrollado y sufrido a lo largo de su dolorosa transformación, siguen teniendo que hacer uso de un medio de transporte como es el bus, tan tosco, tan lento, tan ruidoso, por eso solo muestran los trenes, y ojalá un shinkanzen o como sea que se llame, el tren bala japonés, porque los europeos también tienen, ¿no sabías?, por supuesto, yo viajé en uno una vez, para volver a Paris, no es la gran cosa, no sientes nada especial, la aceleración, una vez que ya logras vencer la inercia inicial, casi no se percibe en el estómago, claro que si chocara uno de esos trenes ahí que si lo sentirías, lo sentirías en tus órganos que parecen querer percolarse por los poros de tu piel, los huesos salir disparados como proyectiles, pero casi nunca chocan, es Europa después de todo, ¿te imaginas un tren así acá?, te apuesto que a la primera semana a alguien se le queda abierta una reja o capaz que hasta se la roben en un tramo más retirado, y el tren se tope de lleno con una vaca, si a las vacas las dejan sueltas no más, ni que fueran adolescentes que dejan a su suerte en la vida, para que se las arreglen solos, que aprendan a porrazos, más de los necesarios y a veces con finales irremediables, si además las vacas ni conocen este mundo que no fue creados para ellas, que se sostiene en ellas, en sus vidas y fluidos, pero no es para ellas, pero tampoco son bisontes o vacas salvajes, ellas solo deambulan, calmadas siempre, medio indiferentes, ¿sabes?, se parecen a las palomas en esto, y en sus colores, cuando se trata de palomas cafés o blancas, en que existen en un mundo que no es para ellas, pero en el que de todos modos deambulan indiferentes a esta exclusión inmmerecida, porque claro que es inmerecida, una vez que ya no fueron necesarios sus servicios como mensajeras, incluso sirviendo en tiempos de guerra, llegando algunas a ser condecoradas incluso, pasaron a ser una plaga, una peste peor que las ratas, porque tenían alas, y podían ocupar recovecos y salientes que estuvieran a la vista de todos pero al alcance de nadie, y a las vacas esto les pasa cada vez que una nace, a cada una le toca experimentar en carne propia el dilema de la inutilidad productiva, de la insolvencia y de los presupuestos en rojo, no como un pasado oscuro, sino que como un presente constante y sangriento, pero esto no sé que tiene que ver con lo que empezamos a hablar al comienzo.

Gonzalo Rojas

UNA VEZ EL AZAR SE

LLAMÓ JORGE CÁCERES


Una vez el azar se llamó Jorge Cáceres

y erró veinticinco años por la tierra,

tuvo dos ojos lúcidos y una oscura mirada,

y dos veloces pies, y una sabiduría,

pero anduvo tan lejos, tan libremente lejos

que nadie vio su rostro.


Pudo ser un volcán, pero fue Jorge Cáceres

esta médula viva,

esta prisa, esta gracia, esta llama preciosa,

este animal purísimo que corrió por sus venas

cortos días, que entraron y salieron de golpe

desde su corazón, al llegar al oasis

de la asfixia.


Ahora está en la luz y en la velocidad

y su alma es una mosca que zumba en las orejas 

de los recién nacidos:

- ¿Por qué lloráis? Vivid.

Respirad vuestro oxígeno.



LOS DÍAS VAN TAN RÁPIDOS


Los días van rápidos en la corriente oscura que toda salvación

se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en mis pulmones

una semana más, los días van tan rápidos

al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro

y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.


Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera

nadie allá, voy corriendo a la materna hondura

donde termina el hueso, me voy a mi semilla,

porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas

y en el pobre gusano que soy, con mis semanas

y los meses gozosos que espero todavía.


Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse

de haber entrado en este juego delirante,

pero el espejo cruel te lo descifra un día

y palideces y haces como que no lo crees,

como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo allá en el fondo.


Si eres mujer te pones la máscara más bella

para engañarte, si eres varón pones más duro

el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,

y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:

así es que lo mejor es ver claro el peligro.


Estemos preparados. Quedémonos desnudos

con lo que somos, pero quememos, no pudramos

lo que somos. Ardamos. Respiremos

sin miedo. Despertemos a la gran realidad

de estar naciendo ahora, y en la última hora.

Rodrigo Lira

 ARS POÈTIQUE

                                            para la galería imaginaria


Que el verso sea como una ganzúa
Para entrar a robar de noche
Al diccionario     a la luz
De una linterna
                        sorda como
Tapia
        Muro de los Lamentos
Lamidos
        Paredes de Oído!
        cae un Rocket                pasa un Mirage
        los ventanales quedaron temblando
Estamos en el siglo de las neuras y las siglas
                                                      y las siglas
son los nervios, son los nervios
El vigor verdadero reside en el bolsillo
                                         es la chequera
El músculo se vende en paquetes por Correos
la ambición
                    no descansa la poesía
                                            está c
                                                     ol
                                                        g
                                                          an
                                                             do
en la dirección de Bibliotecas Archivos y Museos en Artí
culos de lujo, de primera necesidad,
          oh, poetas! No cantéis
a las rosas, oh, dejadlas madurar y hacedlas
mermelada de mosqueta en el poema


El Autor pide al Lector diScurpas por la molestia (Su Propinaes Misuerdo)



ahora danza

Tratando de recordar el nombre de otra persona, de pronto me encontré con la fotografía de una compañera del colegio, la Ignacia, del B. Nunca la conocí realmente, no a fondo o siquiera como una amistad superficial. Yo era del A, y ella había vuelto al colegio en primero medio luego de abandonarlo en algún punto de la básica que no podría precisar. Siempre he recordado que ella era la niña del parche en el ojo, cuando todos los niños compartíamos el patio común en el jardín infantil del mismo colegio. Como saber que le habrá pasado en su ojo izquierdo, debe haber sido algo importante, algo notorio o quizá algo crónico, una serie de operaciones a la vista que hacía del parche permanente la solución más limpia y efectiva de ejecutar para evitar cualquier infección o problema, tratándose de una niña de 6 o 7 años. Tal vez solo sea que en la memoria se distorsionó el tiempo de este recuerdo y lo que fue un parche por dos semanas debido a una conjuntivitis, terminó quedando registrado como un parche cubriendo un lapso de semanas o meses. 

Cuando volvió, en primero medio, ya no tenía el parche, ahora llevaba chasquilla y tenía asomados en forma tímida las paletas superiores, sin llegar a ser merecedora de ningún apodo poco ingenioso y malintencionado, pero con la visibilidad suficiente para darle un aire extraño a su rostro, como de una sonrisa permanente y sincera. Se hicieron buenas amigas con la Rocío, otra chica de chasquilla y pantalones de cuadritos blancos y negros, pantys sobrepuestas, hasta casi la rodilla, y zapatillas con caña. No estoy seguro si la Ignacia llegó compartiendo el mismo estilo de vestir o si lo fue adoptando a medida que se insertaba en el mismo colegio de la infancia pero en otro tiempo, pero luego solía llevar chalecos negros, de hilo delgado, y vestidos sobre pantalones o calzas, como era la costumbre en las jóvenes alternas de esos años. Ambas tenían gusto por la política estudiantil, por muy inútil y performativa que esta pudiera ser, a pesar de lidiar con problemas que no afectaban a casi nadie y no con la intensidad suficiente para que más que unos pocos sintieran la necesidad de hacer algo más que votar de vez en cuando en un referendo que nadie sabía si tendría algún efecto tangible o si solo era un juego inocente que los dueños del colegio nos permitían jugar y así cansarnos, de hablar y discutir entre nosotros, hacernos creer que alguna vez lograríamos cambiar algo, al menos algo en lo que ellos no estuvieran dispuestos a ceder de antemano. Tal vez fuera esta apatía la que impulsaba a personas como la Ignacia y la Rocío a inmiscuirse en estos asuntos a medio camino entre la adolescencia y la adultez. En todo caso, y debido a su propia naturaleza y personalidad, la Rocío nunca se tomó muy en serio las asambleas ni muchas cosas en realidad, ella trataba de vivir en forma libre y parecía resultarle, caminaba liviana y feliz por la vida. La Ignacia en cambio, siempre conservó un tono de seriedad en su voz y en forma ocasional en su rostro, aunque el blanco de sus dientes asomando siempre lo hacían a uno recordar que alguien como ella no era movida por intereses personales y mucho menos por rencores u odios, era demasiada la dulzura en su expresión cuando le tocaba escuchar y esperar su turno como para pensar otra cosa. A pesar de esta seriedad parcial, también supongo que era feliz y disfrutaba su juventud fuera de los problemas escolares, tal vez fuera del colegio discutía asuntos que sí valían la pena, pensaba sobre el futuro de la sociedad junto a otras personas que como ella, creían que algo debía cambiar. 

Como era de esperarse no hubieron grandes cambios en el colegio que pudieran atribuirse a la acción estudiantil organizada en asambleas y foros, aunque tampoco era un colegio que tuviera problemas de infraestructura como en los liceos más antiguos o dejados a su suerte en los sectores pobres de la ciudad y cualquier cambio posible habría sido menos evidente o visible. Más allá de problemas con los baños (que debían tener su origen en el mal uso que le deban algunos), o alguna estufa defectuosa en invierno, no había nada por lo que valiera la pena reclamar, sin quedar además como unos malcriados de clase media-alta que se quejaran de llenos nada más. Unos años más tarde sobrevinieron las protestas estudiantiles generalizadas, dudo que quedara algún colegio libre de al menos, haber tenido una protesta con pancartas y proclamas bien pensadas pero inofensivas. Luego de estas protestas por inercia venían las tomas indefinidas, un par de peldaños más arriba en la escala de intensidad, justo sobre la protesta sostenida y el cercado de alguna autoridad para ser increpada. En nuestro colegio hubo una toma, pero no recuerdo si la Ignacia o la Rocío seguían en el colegio en aquel entonces. Tampoco sé si habrán ido de visita alguna vez, para reencontrarse con los antiguos compañeros y poder compartir un plato de tallarines fríos y un poco de vino en caja. No lo sé porque en ese entonces yo carecía por completo de pensamiento político y, en retrospectiva, creo que ya empezaba a mostrar los primeros signos de este trastorno que me impide moverme entre el resto de la gente como si fuera uno más. Luego del primer día en la toma, en el que me vi rodeado por desconocidos provenientes de otros colegios y sin tener interés en ninguna de las tareas que veía realizarse por el patio, no supe que otra cosa hacer más que salir de ahí y al día siguiente decidí no volver más. Me quedé en mi casa hasta que la toma terminó, después de un mes o un poco más, lo más seguro que para tocar guitarra y masturbarme. Recuerdo ir caminando por una de las calles laterales del colegio, mirando unos álamos inmensos, y escuchar una tocata que se estaba desarrollando al interior, creo haber podido reconocer la canción que tocaban, pero ya era demasiado tarde para volver.

Ahora han pasado muchos años desde esas jornadas de asambleas inocuas y protestas estudiantiles masivas, y claro, aún más años desde la imagen de la pequeña niña con el parche en el ojo. No recordaba el nombre completo de la Ignacia, pero por suerte bajo la fotografía estaba el listado del curso, y ella era la única Ignacia. La busqué en internet, por su primer nombre y dos apellidos, con eso debiera bastar. Apareció de inmediato, pocas personas comparten su segundo apellido. Pensaba que iba a encontrar el perfil, las fotografías y videos de una artista plástica, como ha sido la tónica con las personas egresadas de ese colegio, cosa curiosa, o tal vez de una militante del Partido Comunista o, dios nos libre, del Frente Amplio. Pero no, ninguna de estas profecías o prejuicios se cumplió. Se dedica a bailar y hacer clases de danza. Su rostro y cuerpo es muy diferente al de una joven menuda de 15 años, tiene el pelo más largo y algo ondulado, su cuerpo tiene curvas pronunciadas pero suaves, es el cuerpo de una persona activa físicamente pero que tampoco está interesa en cumplir con ningún estándar social enfermizo e hipócrita. Es probable que ya haya sido madre, quizá dos veces. Se le ve feliz y realizada, bailando y guiando a otras mujeres hacia una danza grupal desenfrenada y vital, pero nunca desorganizada o carente de sentido. Entre las fotografías que tiene públicas busco y busco hasta encontrar una, al menos una, donde tenga la misma expresión que la joven de primero medio, con las paletas levemente asomadas y una sonrisa sutil pero cierta. Encuentro una, y no puedo evitar sonreír yo también.

solo un cigarro

dejaste una cajetilla con un cigarro a medio fumar
la estuve mirando, abriendo y cerrando
por días que antecedieron semanas, y era difícil
contener, evitar que los fluidos percolaran
en llanto, sudor frío o salivación expectante
y condicionada ante el color de tu rush en la boquilla
del cigarro, ya no la mía
pero cuando ya no pude más, me fumé ese último cigarro
y fue nada más que un cigarro como cualquier otro
la ceniza no quería caer pero la ceniza ya no es papel
no tiene huesos ni red que la sostenga, y tuvo que caer
lanzando un último siseo al encontrar el agua en un vaso
alarido de un animal salvaje y moribundo, que no quiere morir
ahora habrá que comprar otra cajetilla de cigarros
y fumar y fumar hasta el último cigarro
y detenerse apenas emprendida la marcha en este
que así se delaten las dudas, no sobre el cáncer de laringe
ni el amarilleo en los dientes, no
tampoco será un tiempo mal calculado que no dejó espacio para terminarlo
el anillo ondeado de necrosa ceniza recuerda
a la continuidad del tiempo y el hilo punzante de la duda que se alarga
cruzando carne y memoria, quizá sean estos los hilos que me mueven
solo soy una marioneta frente al espejo de los días 
el anillo de ceniza no será igual
que importa que sus ángulos y extensión sin quemar no sean iguales
a mi no me importa
para mi seguirá siendo por un tiempo incierto
igual que ese último cigarro que no terminaste y dejaste ahí, en su cajetilla
pidiendo que lo fumara y poder así
desvanecerse entre fuego y humo

no podrían saberlo

si los meses que vienen fueran como este, terminaría siendo un fantasma para los vecinos, de esas personas que la gente sabe que siguen vivas solo porque ven abrir y cerrarse las ventanas y cortinas, o se percatan que la tierra está húmeda por el riego de una mano invisible. también por la música que se escucha débil pero constante hasta bien entrada la madrugada. pero si de pronto, durante el invierno, ya no fuera necesario abrir más las ventanas ni regar el patio, si de pronto la música ya no se oyerá pero tal vez fuera que solo está más despacio y se confundiera con el ruido de fondo de la ciudad, de autos, gritos y petardos, ¿como podrían saber que no llevo dos días tirado en la tina luego de resbalar por error y golpearme en la cabeza, o que olvidé un día cortar la luz antes de cambiar un enchufe y terminé aferrado a los cables vivos como a una última caricia electrizante, la primera vez que me sintiera vivo en meses?

en el camino

pensar que mi mamá tuvo
un aborto antes de mi, tragedia silenciosa y espontánea
sangre fluyendo oculta, llevandose la
consistencia de la carne, el hierro eléctrico
pensar que antes de mi
hubo otro, otra que quedó
que se quedó
por siempre en la noche larga de la inconciencia
viajar de la nada
a la nada en dulce barco
pensar
que pude ser yo quien durmiera ahora
pensar
que pudo otro ser y así 
yo
quedar relegado a camino paralelo
a existencia hipotética, paradójica
pero las cosas nunca son
como uno hubiera querido
se allanó el camino nada más
y de la mano me llevaron
la carne firme, la sangre vibrando
de la mano arrastrado fuera del sueño
y ya el corazón no para más, el cerebro no da más tregua
hasta ser alcanzado al fin
aborto postergado y anhelado
ineficiente pero efectivo
soltar las manos y sentir deshacerse
las piernas en fluido, una onda líquida viajando por el cuerpo
onda que desconyunta y desperdiga para así dejar
que la mente se hunda en sueño largo de
agua calma, sin nada que la pueda ya desencallar
y no poder pensar nunca más
en por qué no pudimos
cambiar de lugar con aquel hermano que
entre sueño y sueño
vivió

3 de febrero, 35º

Otra vez un curaito en el paradero, en el mismo paradero del año pasado donde otro hombre, también curaito, pensara que yo era un electricista. Pero esta vez no hubo oportunidad de cruzar palabras, porque su micro, la que supongo era su micro, llegó altiro. El curaito se paró como pudo y vi que tenía los codos pelados, con sangre fresca todavía y ningún asomo de cicatriz. Al poco rato apareció el hombre que viera unos minutos antes en el baño del supermercado, lavándose los pies, creo haberlo escuchado cantar, algo tímido, el coro de Light My Fire mientras entrábamos al baño, él por delante. La micro de este hombre también pasó rápido, antes que la mía, que al final no pasó, o sí pasó, pero en segunda fila. Al final caminé en busca de otro recorrido más confiable, menos indiferente. En el nuevo paradero estaba el charanguista nocturno comprando sopaipillas, pero no se subió en mi micro, tampoco lo hizo un violinista que esperó paciente a ver si le habrían la puerta, pero no. Supongo que la indiferencia no distingue recorridos de micro.

Luego, ya en camino a la junta de vecinos, hay un auto chocado, una SUV, y están los pacos cortando el paso en una calle y observando como suben el auto a un camión grúa. No hay ningún árbol o poste caído, ni tampoco otro auto chocado a la vista, por suerte tampoco se ven vestigios de víctima alguna, humana o no humana, ¿se habrá volcado? Una vez vi un auto volcarse en un día de lluvia, pero solo se deslizó por el pavimento unos metros antes de detenerse. En la plaza que rodea fragmentada la intersección del choque, hay dos mujeres evangélicas, evangelizando por su cuenta, sin pedirle permiso a entidad gubernamental o celestial alguna, nadie más las acompaña, no hay guitarra ni pandero, pero conservan la solemnidad usual, y es que la mujer que vocifera tiene un pedestal de madera donde reposa su Biblia, supongo que leen la Biblia, y uno se pregunta si habrán dispuesto un paño bajo el pedestal para protegerlo de las piedrecillas de la plaza. Hay niños jugando, escuchando la prédica a la fuerza, que habla sobre como los hijos pueden ser el orgullo o la vergüenza de sus padres, y solo una mujer en silla de ruedas pareciera estar escuchando por gusto, aunque tal vez solo está mirando a su nieta columpiarse, con orgullo de ella, pero tal vez con vergüenza de la madre de la niña, su propia hija. Un último giro de cadena y el auto chocado ya está arriba del camión. Supongo que Dios no es copiloto de nadie en realidad.

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