Me enamoré de una mujer que nunca sabrá que estoy enamorado de ella. Se apoda Dani, tal vez no sea su nombre real, pero eso que importa. Los nombres reales son apenas necesarios entre personas que se pueden ver los ojos y van a ser necesarios entre dos personas que nunca van a leer siquiera un mensaje de la otra. Tampoco nunca sabré como se ve ella, la Dani de carne y hueso, me basta esa imagen de una manzana con ojos y boca, y es que se puede saber más sobre su sentido del humor con esta imagen que con una fotografìa de su rostro, eso es seguro. Yo tampoco muestro mi rostro, tengo la imagen de un niño poseído por un demonio, en una escena previa a su exorcismo. Supongo que esta imagen no dice nada sobre mi sentido del humor, acaso sugiera que carezco de uno.
A la Dani la encontré en una página sobre cine, nuevamente topandome a una persona a quien nunca conoceré gracias al cine, parecer ser un mal chiste. Es una página donde las personas pueden llevar registro de las películas que han visto y dejar comentarios irónicos o análisis profesionales del más alto nivel. A mi me ha servido para darme cuenta que he visto unas 550 películas a lo largo de mi vida, menos de lo que hubiera podido suponer. Llegué a su perfil gracias a que ella es la única persona que ha indicado que le gusta un documental con el que me topé hace un tiempo, la única dentro de las cinco personas que dicen haberlo visto. Es un documental trágico, de un autor al parecer comprometido con las historias humanas de la opresión y la exclusión. Creo que supe de la existencia de dicho documental al revisar un listado de todas las películas chilenas realizadas entre los años 1960 y 2010, luego de darme cuenta que no conozco nada de cine chileno. No sé de donde Dani habrá conocido el documental, tal vez se lo mencionó una amiga, habrá visto otra obra del mismo director, tal vez incluso realizó el mismo ejercicio que yo revisando un listado de películas chilenas, solo espero que no haya sido una pareja o pretendiente quien fuera la persona detrás del descubrimiento. Me intriga saber que le habrá gustado del documental, yo casi me pongo a llorar con la muerte de su protagonista, quien se suicida en la soledad de una mediagua donde vivía, o sobrellevaba una vida de lucha en contra de la adicción y la marginalidad, pero al mismo tiempo hay una idea que se alza por sobre la tragedia, que alimenta la ilusión y nos hace creer que es posible doblegar a la soledad y la desesperanza, mientras contemos con el apoyo de hermanos y hermanas de sangre, o de barro y lágrimas. Me pregunto si la Dani habrá sentido ganas de llorar, o si sintió una rabia irradiando desde algún lugar inconsciente de su cuerpo, incluso una rabia sollozada, bufando como una niña frustrada con el mundo, que no sabe porque siente lo que siente ni como resolverlo, pero que sabe que algo no está bien.
Con este documental que menciono hubiera bastado para hacerme caer en una nueva obsesión malsana, pero al revisar el listado con las películas que ha visto y que le han gustado, caigo de lleno en un mundo espectral donde se proyectan futuros que no serán, conversaciones que nadie oirá y miradas incómodas que se cruzaran de pronto, queriendo ver sin ver visto. Revisando el listado (ella ha visto más de 700 películas, necesito ponerme al día), noto que hace poco vio La Noche De Los Muertos Vivientes, 4 estrellas, que sería lo mínimo que se merece; también Las Vírgenes Suicidas, que yo tengo pendiente luego de ver Lost in Translation, aunque al parecer no fue de su gusto; Perfect Days y Fallen Leaves, que formaron parte de un festival de cine reciente, yo no pude ir a verlas, apostaría que ella sí fue y las vio ahí; clásicos innegables como Paris, Texas (mi antiguo blog se llamó un tiempo Meridian 1520), Mi Vecino Totoro, Los Siete Samurais, o Fallen Angels (pero ninguna más de Wong Kar Wai, curioso); Vagabond y Ladrones de Bicicletas, grata sorpresa; películas extrañas como Stalker, Eraserhead, Ichi The Killer o el Gabinete del Doctor Caligari. También hay detalles que me dejan confundido, como por ejemplo que no haya indicado que le gusta Akira (aunque si El Fantasma en la Máquina), Magnolia, Donnie Darko o Vertigo. Lo bueno es tal vez podríamos ver juntos otra vez La Cosa, Sin Lugar Para Los Débiles o El Silencio De Los Inocentes. Otro detalle que parece indicar que, en mi delirio, somos complementarios, seres incompletos que juntos podrían expandir sus mentes y sus vidas, violar aquel principio que dice que 1+1=2, es que a ella parece gustarle el cine moderno, del 2000 en adelante, mientras que para mi la cosa va en reversa desde el mismo punto. Ella podría recomendarme películas que de otro modo yo no hubiera considerado ver o me hubiera tomado años en conocer de su existencia, como Vidas Pasadas, Fire Of Love o Marcel the Shell With Shoes On. Yo le diría que vea otras de Kurosawa, ojalá Ikiru o Dersu Uzala, que vea Rojo, o Blanco o Azul, o las tres, y también Umberto D, considerando que le gustó Ladrones de Bicicletas, o Cinema Paradiso, como no has visto Cinema Paradiso todavía Dani.
El broche de oro es que le gustaron Pollitos en Fuga 1 y 2, ¿será acaso que la Dani es vegana? ¿O que al menos está en un punto donde podría llegar a serlo y solo necesita un pequeño empujón? Podríamos entonces ir a tomar vino con frutillas o cervezas a ese local de Baquedano, mientras la escucho hablar de alguna película que no le gustó, reir de la pésima elección de la banda sonora, que abusó de ese recurso ya trillado de usar canciones populares, escucharla repetir un diálogo ridiculo, forzado o incómodo, que se le quedó grabado en la memoria por el nivel de tal desacierto, tan inesperado para un director como ese, hablar sobre como todo iba bien hasta esa escena donde trataron de explicar algo que no necesitaba ser explicado, y yo la escucharía y no mucho más que eso, porque nunca recuerdo las películas cuando corresponde hablar de ellas, o tal vez me animaría a contarle sobre alguna que ella no conozca, y la podría ver reir nuevamente, pero ahora de mis enredos y tropiezos al hablar. Podríamos después acordar ir un día de estos a ver una película a uno de esos cines destartalados que aún quedan en Santiago, y en medio de la oscuridad nos mirariamos de frente y entenderiamos que la película es pésima y haríamos todo lo posible por contener la risa cómplice, nos levantaríamos pidiendo disculpas a quienes siguen creyendo que es una película buenísima, y saldríamos a caminar por ahí, y ya no hablaríamos de películas, quizá de nada, tal vez solo caminar y pensar en como una historia que se gestó desde una tragedia absoluta, de pronto parece poder ser un drama enternecedor y misterioso, una de esas películas románticas que no se tratan ni encuentros apasionados ni de rupturas exasperantes si no que más bien se dedican a preguntar que es el amor, si acaso vale la pena llegar a una definición del amor, imaginarnos como en una película de Rohmer, sentados y tomados de la mano en la cima del Santa Lucía, esperando un destello rojo, azul o verde, que importa el color, una breve señal que nos indique que esta historia nuestra vale la pena vivirla, relatarla.