Prioridades

debiera ir al dentista 

debiera ir al psicólogo

debiera hacerme un chequeo general de salud

y saber si mis huesos ya no son más que astillas

si mis glóbulos, mis óvulos o mis flageloides

siguen vivitos y coleando, rodando, pataleando,

o si ya encontraron una nueva morada, aguas abajo.

que vayan y purifiquen

que fertilicen

y se multipliquen por las tuberías de esta ciudad,

hasta llegar a infectar el mar.

 

debiera comprarme otro par de pantalones, unas camisas blancas

y un traje nuevo,

hasta cuando con esto de caminar arriesgando tamaña vergüenza

si de pronto las telitas de cebolla que llevo por ropa,

cedieran, se rasgaran y me hicieran llorar en medio de la calle.

es cierto que los bolsillos van mudos de monedas,

pero que me costaría mandar a arreglar esos jeans

que de pronto me comenzaron a quedar grandes y más grandes,

me fui consumiendo por un hambre muy cordial, que nunca

sacó a la luz mis costillas

pero que tampoco nunca me soltó las tripas.

si la costurera me viera cara de príncipe mendigo

esperando un ojo en parte de pago, las córneas como abono fértil

para el nacimiento de su capital semilla,

entonces, por último, ser capaz de comerme las horas

con su aire infinito, y estando enchido de multitud de nubes 

tratar de hacer el cuerpo sustancioso otra vez,

como antaño cuando las monedas rodaran

y los billetes danzaran, de mano en mano.

ojalá pudiera dejar de deshacerme

en vapores de aceite y hierbas

poder llenar hoy el volumen que hasta ayer me perteneciera,

poder así usar los pantalones viejos que hoy se me escapan

se me deslizan fuera, son una piel ajena.

no queda espacio para nuevas heridas

en este cinturón de pellejo y corcho.

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