
***
Aún no sé que decir, como explicarlo. Llevo casi tres horas, horas de nada. Únicamente oscuridad, silencio, vacío, automóviles. Carente de toda reacción, falto de ideas más que nunca, aunque en realidad pocas veces he mostrado creatividad. De todas formas agradezco sus palabras y no, no le diré que es lo mismo que la otra vez, y no, tampoco recalcaré lo patético de la situación siendo usted una desconocida. ¿Ayuda? Para que. Bueno, en ese caso. No lo creo, y es que soy un vaso que nada puede llenar, un vaso sin fondo de cristal al que todo lo atraviesa, por eso que no puedo ser llenado; estoy incompleto y no puedo intentar tapar con una mano la fuga total: me cortaría con los bordes del vidrio, producidos cuando fui dejado caer al suelo, al frío piso de una sala de urgencias. No, no es una metáfora. Quizá el doctor tuviera problemas de bebida. La sangre, la sangre no es eterna, ni siquiera la vida lo es y lo va a ser la sangre. Además, en mis venas corre y galopa ponzoña enrojecida y espesa, lista para ser bebida y olvidado. Aunque también hoy en día se da mucho eso de temer, lo que conlleva a ignorar todo eso de que la sangre es veneno y nos volvemos una máquina con respuestas aceptables a preguntas esperables.
¿Has intentado apagar la luz sin que desaparezcan? Estuve unos minutos así, rodeado de penumbra. Abrí los ojos y nada había ahí afuera.
Un mosquito menos, todo por unas horas, mentira, unos minutos más de sueño. ¿Y eso para que? Para despertar y no perderse en el pequeño mundo de nuestras habitaciones. Luego comer algo, limpiar los vestigios del día anterior y partir, con paso alegre o claramente despreocupado a lo que nos motiva a tomar todo esto y volver a reproducirlo nuevamente luego de otro mosquito y los minutos que este nos hace perder durante la noche. Es probable que el mosquito esté aquí para avisarnos que es momento propicio para armar una maleta e ir en busca de un lugar donde perderse. Aunque también es aceptable la teoría que indicaría que aquel insecto se alimenta de nuestra sangre.
No hay paz ni amor. Nadie aquí necesita eso. Es más, necesitamos una salida, escapar de estas fabricas donde se producen el amor y la paz, embalados, suavizados, hipoalergénicos, listos para consumir por quien quiera que sea. Hace falta un poco de dinamita para volar los muros de este hogar repleto. Nada de explosiones intelectuales, nada de revoluciones apasionadas. Dinamita sudando nitroglicerina a merced de nuestro destino escrito, borrado, reemplazado por algo nuevo, borrado y re-escrito por última vez. Nadie nunca ha llegado a vivir aquella nueva versión. Libertad dentro de la libertad.
...miro la página y al ver tan poco, y probablemente sin una pizca de sentido o conexión entre las palabras, desisto. Las letras se ven pequeñas, nadando en un océano de espacio en blanco. Estoy un poco cansado. Sería capaz de quedarme dormido en casi cualquier lugar. No, no quiero dormir, quiero decirme a mi mismo aún estoy despierto, aún puede surgir algo, pero vamos, a estas alturas sería necesario abrir mi cabeza, hacer un concentrado de esencia sináptica y beberlo antes de desmayarse ante tal sueño.
Nuevamente, mis disculpas (algo sinceras) para los que presenciaron esto...
***
nunca lo había pensado (esto)
1 comentario:
totalmente identificada.
Publicar un comentario