***
Sin Titulo
Cuando entró en el anden vió como alguien corría, no paralelo, perpendicular a las vías que vibraban ante el paso del tren. El aire era más bien electricidad. Los movimientos más parecían ilusiones. Un salto y luego nada. Cuesta respirar, un poco. La nada, ahora lo comprende.
Digo, el sujeto quedó ahí, en el mismo lugar de hacía unos segundos, el mismo de unos minutos u horas después. Sólo habían unas cuantas personas en aquel lugar, sentadas e inmóviles. Estaban todas solas así que no tenían muchas razones para moverse, casi alcanzó a pensar, pero una mosca se le adelanto a su cerebro. Una mosca. Suspendida. Con alas brillantes y ojos fragmentados yacía la mosca a un lado de él. La tocó y se movió suavemente, pero se detuvo cuando dejó de tocarla.
Esto no era como el mar, no era como flotar. Se parecía más a una masa, como un queque crudo, con almendras encima que no caen pero puedes hacer caer empujándolas, sumergirlas y olvidarlas. Mala metáfora, pensó.
Tenía hambre y nada ni nadie parecía estar dispuesto a moverse. Se sentó a comer algo de chocolate que tenía una mujer en su cartera. No podía quedarse sentado en el mismo lugar ya que le costaba respirar: ni siquiera el aire se movía, por lo que no se renovaba: luego de unas cuantas inhalaciones se volvía inútil e insuficiente. Podría haber formado agua desde el vapor quizá. Obtener aire líquido. Primero comer.
Luego de un poco de las papas fritas que llevaba un niño que bajaba las escaleras y un poco del destilado escocés que tenía un viejo en el bolsillo de su chaqueta, decidió salir. Se acordó del sujeto en el aire y fue a moverlo antes de irse: lo dejó boca abajo, cerca del piso pero sin tocarlo, cosa que si los relojes comenzaban a moverse nuevamente, se diera un buen golpe. No era un moralista ni nada, pero le parecía que si él no había optado por el autosacrificio en todos estos años, nadie podía siquiera considerarlo. Vaya a saber uno que tenía en la cabeza aquel tipo, puede que esté equivocado. Pero bueno, pasan trenes cada dos minutos así que sólo le quité unos cuantos segundos como difunto.
Era imposible que esto estuviera sucediendo gracias a aquel hombre rígido, para detenerlo. Esta escena probablemente se repetía a lo largo del planeta más de una vez y de muchas formas distintas. Y también podía ser para evitar que alguien naciera, alguien dijera algo frente a un micrófono o escribiera unas palabras sólo en su cuarto. Rigor. Esto era algo más grande. Mortis. Seguro lo era. Que frío sonaba. Esclarecedor mas inadecuado en estos momentos.
Llevaba un buen rato caminando por el túnel obscuro (optó por salir en la siguiente estación) cuando notó que su corazón latía, sus células se agitaban lentamente y una de sus manos estaba fría. Pero como era posible esto. Si él podía mover las cosas que estaban suspendidas temporalmente, ¿quién lo movía a él? No podía ser él mismo quién lo hiciera, eso sería un ciclo infinito y absurdo (o al menos así lo parecía desde la Tierra). No era posible, no tenía sentido. Debía tratarse de un sueño probablemente, uno de esos sueños en que puedes volar, o compones una melodía, un poema perfecto (para luego no recordarlo), un sueño que no puede ser falso, quieres se traspase hacía la realidad, y que dudas incluso cuando despiertas de si aún sueñas o no. Un sueño en el que todo lo que nunca has podido hacer ahora se te ofrece tan fácilmente realizable, tan cercano. Eso es, debia de ser un sueño todo esto, uno en el cual podría romper los parabrisas de cuanto auto quisiera, robar cualquier banco sin razón, beber y comer cualquier cosa. Las mujeres. Bellas pero patéticamente inalcanzable aún. Es más, sobretodo ahora.
Tantas posibilidades y su mente incapaz de concebirlas en ese momento preciso. Tantas posibilidades que consumar. Se dedicó a pensar, a imaginar, pero aún se preguntaba y le costaba entender como era que el vivía, se movía y hablaba, mientras que los demás no. Como respiraba, como era que el alimento lo satisfacía, como era que cuando golpeaba algo, sentía el sonido del golpe. Nada tenía explicación en su mente, una mente pequeña que no sabía que ahí residía su error. No caminó más, no hizo nada de lo que pretendía hacer ya que se había convencido del hecho de estar en un sueño. Y hacía un tiempo ya que se había cansado de soñar. Así que se sentó en una banca y esperó a que él o quien estuviera soñandolo, despertara. Las posibilidades se esfumaron. Lo humano en él ganó al fin. ¿El premio? No hay premio en este tipo de concurso.
Aún sentía su corazón latir cuando este se detuvo. No fue algo instantáneo, no podría decir cuanto tiempo estuvo tirado en el suelo: el reloj marcó las diez con veinte en todo momento.
Las calles estaban iluminadas y las personas en la acera se veían preocupadas; las que estaban sentadas, inmóviles y con vasos en sus manos, con palabras (vacías) en sus bocas, parecían felices, del tipo de felicidad que se en la televisión o en las revistas. Nadie nunca supo lo que pasó. Ni siquiera saben si volvieron o no al tipo de tiempo habitual. Cosas así no podían importarle a nadie ya. Todo se reducía ahora a pensamientos eternos, éxtasis eterno, balas entre la carne eternamente, nacimiento y muerte para siempre, ni siquiera existir, ni siquiera no hacerlo.
Astronautas viajando hacía la estrella más lejana, un silencio en los oídos y en vacío en el corazón. Todo tan profundo, tan lóbrego allá afuera. Tan ajeno, tan lejano.
- Viste, perdiste otra vez.-le dijo.- Ya van ocho de diez.
- No lo puedo creer.- respondió luego de suspirar.- Tenía fé en él, no era como los demás.
- Todos dicen lo mismo, pero son iguales al fin y al cabo.- encendió un cigarro.- Vamos, paga lo prometido.
- Otra vez no por favor, ya sabes lo que hiciste la última.
- Eso fue un accidente, creí que lo habíamos superado.
- Tengo que hacerlo, somos los únicos aquí y a mi me gusta hablar de cual...
- A mi también pero no para siempre, ¿así que en cuantos habíamos quedado?
- Tú los proximos cinco mil años, si es que queda algo luego de los primeros cien.
- Dejémoslo en siete y te compro la polera que vimos el año pasado, la que decía I Love Jesus.
- Sólo pueden ser seis y medio.
- Trato hecho.
- Tendré que esperar por otro Buda para ganar parece.
- Parece que vas a tener que esperar harto entonces.
Se dieron la mano. Uno se fue a dormir un rato y el otro se quedó fumando y mirando aquel hombre muerto en el piso que le había dado seis mil quinietos años de poder. El humo se expandía lentamente y, estando aún tibio, comenzaba a formar otra galaxia.
por y para el enojado Joe...
***
esta canción ya la había escuchado antes aquí... pero no la ví de esta forma así que gracias.
3 comentarios:
uff.
intenso!
por alguna razon, que en realidad es bastante obvia, siempre que leo tus entradas (corrijo, no siempre), pienso que eres un tipo de lo más pesimista ... debe ser por eso que me gusta leerte, ese pesimismo no es el que se encuentra en los blogs, o al menos la mayoria, generalmente con lo que me topo al buscar blogs es con diarios de vida existenciales que de alguna forma no me llaman la atencion, pero tu blog, que es como lo mismo,no puedo dejar de leerlo, llegandolo a revisar muchas veces al día si estoy en el pc, debe ser ese pesimismo
y si no eres pesimista y me he llevado una impresion errada, que me lleven los mil chanfles y te violen 100 ardillas, y bueno, en cualquier caso nose a que venia eso de lo que estaba hablando
se agradece mucho la cancion que pusiste.
una gran pregunta, como puedes poner la musica en el repoductor ese que usas?, porque intenté y por asuntos de youtube y no se que carajos ahora hay que ponerlos como videos :/
si era ese corto
y lo de la música, yo tambien tuve que recurrir a ese asunto de subir la musica a la condenada pagina, pero queria ver si habia una manera mas corta de hacerlo
Publicar un comentario