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"Al atardecer ensilló su caballo y se alejó de la casa cabalgando hacia el oeste. El viento había amainado bastante y hacía mucho frío y el sol estaba rojo sangre y elíptico bajo los arrecifes de nubes rojas que tenía frente a él. Cabalgaba hacia donde siempre elegiría cabalgar, allí donde la bifurcación occidental del viejo camino comanche bajaba de la tierra kiowa en el norte y cruzaba la parte más occidental del rancho y podía verse su débil rastro hacia el sur, sobre la baja pradera que se extendía entre las confluencias norte y mediana del río Concho. En la hora que siempre elegiría cuando las sombras eran largas y el antiguo camino se perfilaba ante él a la luz rosa y oblicua como un sueño del pasado en el que los ponies pintos y los jinetes de aquella nación perdida descendían del norte con las caras enyesadas y los largos cabellos trenzados y cada uno armado para la guerra que era su vida, y las mujeres y los niños y las mujeres con niños al pecho hacían todos promesas con sangre redimibles sólo con sangre. Cuando el viento estaba en el norte se podía oír a los caballos y el aliento de los caballos y los cascos de los caballos con herradura de cuero sin curtir y el ruido de las lanzas y el arrastre constante de las narrias por la arena como el paso de una enorme serpiente y los muchachos desnudos a lomos de caballos salvajes, gallardos como jinetes de circo, y caballos salvajes arreando ante ellos y los perros corriendo con la lengua fuera y esclavos a pie siguiendo medio desnudos y dolorosamente cargados y sobre todo la queda salmodia de su canción viajera que los jinetes entonaban mientras cabalgaban, nación y fantasma de nación pasando en un coral suave a través de aquel desierto mineral hacia la oscuridad perdida para toda la historia y todo el recuerdo como un grial, la suma de sus vidas seculares, transitorias y violentas."

1 comentario:

Pea dijo...

espero que haya sido una buena revelación ... bueno en realidad no espero nada, pero supongo que tener revalciones es bueno

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