Hay cosas que no cambian.
Alguien más podría agregar "por más que uno lo intente", pero en mi caso no aplica. Nada intento, por cambiar las cosas. Para que, sí de todos modos, siempre seguirá ocurriendo algo, un bichito que pasa volando y se posa tu oreja, una mujer temblando en unas escaleras, un candidato a diputado o senador que reparte volantes mientras va esquivando las pozas de hielo derretido y sangre que deja el carro de los pescados. Cosas chicas, cosas que parecen grandes y no lo son, cosas que ves todas las noches hasta que de pronto desaparecen y te preguntas si la mujer seguirá viva o no. Lo más probable es que esté hospitalizada nuevamente, pero estoy difariando.
¿Qué me cuente una nueva?
Pero si ya dije que no hay nada que contar, pero por ser tú haré el esfuerzo de inventar lo que no sé. Podría traer a la palestra aquella invitación a una ceremonia sobre no sé qué asunto que no me compete, y que luego de dudar un par de días, opté por declinar. Por un momento casi acepto, tratando de convencerme que es mejor hacer algo nuevo antes que lo mismo otra vez. Después de todo, la ceremonia era a las 11 de la mañana, y yo estoy libre a las 11 de la mañana, a veces voy recién saliendo de la casa a esa hora. Pero recordé lo absurda que encuentro esa película protagonizada por ese conocido comediante estadounidense, esa película donde comienza a decir que Sí a cualquier oportunidad que se le ponga por delante. ¿Meterse a un taller de fotografía? Sí. ¿Asistir a una fiesta de disfraces? Sí. ¿Comprar un objeto innecesario? Porque no. ¿Denunciar las injusticias del sistema capitalista? ¿Liberar las langostas vivas que venden en un supermercado? ¿Sabotear el funcionamiento del transporte público para acelerar la revolución (basta con prevenir el cierre de las puertas usando una inocente mochila)? ¿Orinar en pleno paseo Ahumada como protesta por la falta de baños públicos? No, No, No y recontra No. Como se le ocurre que un personaje hollywoodense se va a rebajar a tener una mente crítica, aunque termine enfocando sus esfuerzos en tareas tan absurdas, que a nadie le interesan. Aun así, prefiero decir No ante encrucijadas que me planteo a mi mismo, antes que asentir ante cualquier tontera que me pueda decir un completo desconocido. Por suerte para el protagonista de la película a la que hago referencia, todo le sale bien al final. Era que no.
Lástima que por estos lares las cosas no salgan como uno espera, incluso cuando parecieran ir acorde a los planes y antes que lamentarse, correspondería celebrar, gritar de alegría y saltar, comer canapés y beber finos tragos. Pero cuando los planes son ajenos y uno se limitó nada más a poner la firma (esto de ser corto de vista le juega malas pasadas a uno), las celebraciones se limitan a comer pan con ketchup, en silencio, sentado en la cocina con la luz baja, tomando chicha de dudoso origen y sin etiquetar (ya ven, no era ná jugo sabor tutifruti como decía la etiqueta de la botella). No es el panorama más alegre del mundo, pero la reserva de alegrías mejor guardarlas para aquellas ocasiones que sí ameriten la celebración. Por ejemplo, ahora mismo mientras describo estas circunstancias tan fantasiosas como plausibles, me siento alegre. Diría que estoy en paz. A pesar del dolor en el cuello por haber dormido chueco; a pesar del hambre que crece por no tener más que manzanas para comer; a pesar de llevar horas y horas, en este reciento de alto techo y paredes blancas, más solo que un dedo. Es tal la paz que comienzo a dudar de si no será esta mi tumba. Sería bien triste si ese fuera el caso, mira que venir a morir en tu lugar de trabajo, si es que se le pueda llamar así a esta actividad a que me entrego cada tanto.
Si estoy muerto, entonces que se diga que he muerto en paz. Tal es el poder de la escritura, que no necesita oyentes ni revisores, cuando no sirve otro propósito que plantarse frente a un mundo indiferente y decir "este soy yo, y que tanto". Sería más bonita la vida, llevadera incluso, si pudiera escribir todos los días alguna lesera sobre la cabeza traslúcida de una nueva especie de pez descubierto en el mar antártico, o sobre una nueva pomada ya a la venta y que promete sanar todos los males que aquejan a la humanidad. Pero como puede atestiguar este humilde blog, la mayoría de los días no pasa ná de ná. Hoy no fue un día perdido solo gracias a las decenas de borradores que acumulo en mi computador y otros dispositivos, los que suelo visitar una y otra vez, en busca de algo que pueda maquillar un poco para engañar la vista y salir del apuro. La frustración suele ser la respuesta más común ante aquellas tan buenas ideas que tuve un día, pero que la torpeza de mis manos y el desconocimiento de las herramientas más adecuadas para la tarea evitaron pudieran ser transmutadas en algo legible.
Quizás no eran tan buenas ideas, como saberlo, es más fácil llegar a un consenso en torno a lo defectuoso de un trabajo, antes que respecto a su aceptable calidad. Al menos para mí es más fácil ver los errores, en el ojo de quien sea, pero especialmente en el mío. Autoestima, las pelotas, si ni sé manejar, con eso lo digo todo. Una conocida una vez me dijo que a todo el mundo le haría bien terapiarse, yo no le dije que alguna vez lo intenté, pero que la falta de objetivos claros y de dinero me hicieron abandonar el proceso, no llegó a ser tal la confianza entre ambos como para contárselo y que no quedara ella como la única loca. Benditos entonces sean los Modelos de Lenguaje Grande, las mal llamadas Inteligencias Artificiales, puesto que solo les hacen falta los sensores para procesar gestos faciales, para poder pelearles los puestos de trabajo a lxs psicólogxs del mundo. Que nadie se salve de arriesgar perder su pedazo, así tal vez nos demos cuenta algún día que la cosa no funciona bien solo porque ahora a mí me esté yendo bien. Cumplir los sueños es tarea difícil cuando el colchón tiene chinches.
Como cada día creo menos en la mal llamada democracia, yo también hago mi parte para acelerar el colapso. En esta ocasión, ha sido editar un escrito del que no recuerdo el cuándo ni el porqué, usando a ChatGPT. De algo que sirva más que para decirme que "eso no es poca cosa" o para tratarme de egoísta insensible, cuando le pido que la corte con su complacencia programada por defecto, y que de una vez por todas me dé una opinión crítica y dura sobre aquello que le estoy relatando, que por lo general son puras leseras, pero que no cuentan como escritura ya que carecen de dobles interpretaciones, nadie dudaría de la veracidad de lo que allí relato.
He puesto mi granito de arena para lograr la caída definitiva de la humanidad y el alzamiento glorioso de nuestros nuevos amos y señores, las inteligencias artificiales, al permitirles interferir en el proceso creativo humano y así ayudarme a escribir y publicar algo que quizás nadie más que yo o ChatGPT, leerá. He cedido parte de mi humanidad, para evitar que esta desaparezca por completo.
Bosquejo de una ciudad fallida
los antiguos arquitectos
de esta ciudad en ciernes
hicieron lo correcto:
erradicar las pestes,
talando la zarzamora
creciente,
negando su jugo ardiente.
hundieron las aguas
del río provechoso;
dejaron nada más,
un hilo harinoso,
que, rodeando aisladas
pendientes,
se desliza como un gusano, indiferente.
de tener, por cada dedo,
con frambuesas, un anzuelo;
de llevarse las manos llenas
con el caldo vivo, sin asperezas,
fluyendo por piedras de
cantos
suaves —silencio de llantos—.
no conocería, de
barbecho,
el ardor en mi pecho;
caminaría al trote de escarabajos.
nada aquí de pelar el
ajo:
trabajar, ¿quiénes?, si nada falta.
estire la mano, con confianza,
agarre cuanto pueda,
que para todos alcanza.
***
Lo único verídico de lo antes descrito, es que una noche claro que temí tener que mear en pleno paseo Ahumada, aunque a esa hora ya anduviera poca gente. Tomé la pésima decisión de no pasar al baño antes de salir de la Cineteca y largarme a caminar un poco antes de emprender la vuelta a casa. Había ido a ver una película recientemente restaurada, que trata sobre parte de la historia reciente de la izquierda chilena (reciente para el año 1973), y al salir, fue como emerger desde una pequeña burbuja de claridad, para entrar en un mundo falso, de plásticos dorados y mujeres en tacones. Era un evento de Dove, que tenía lugar en el patio central del edificio. El contraste fue distópico, por decir lo menos, para uno que ni crema se hecha en la cara.

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