arder



Todo es eterno hasta que desaparece.





No hablo de arboles, ni bosques ni paisajes. Tampoco de personas, acciones o valores. Nunca me he referido al tiempo ni al aire. En cada latido del propio universo está la duda del siguiente, una duda que se extiende por una eternidad silenciosa. No hay razones. No hay fines ni propósitos. Sólo un constante ir y venir por entre las falsas voluntades y las vidas mal articuladas.
Los pensamientos no son consistentes, no lo suficiente como para procrear la carne. Los pasos vacilan y el mundo se vuelve una misma mancha gris extendida si es que no hay palabras ni impresiones. No hay necesidad, ni lógica. Simplemente un ciclo de falsas y torcidas voluntades, una tras otra, intermitentes y breves.
La vida es más ligera cuando no hay un camino que tomar.




¿Y que clase de lugar es ese?, preguntó el chico.
Lugares donde el hierro ya está en la tierra, dijo el viejo. Lugares donde el fuego ha ardido.
¿Y como se encuentran?
El viejo dijo que no se trataba de encontrar un lugar así sino más bien de reconocerlo cuando se presentara. Dijo que era en lugares así donde Dios descansa y maquina la destrucción de aquellos que con tanto dolor ha creado.
Y por eso soy hereje, dijo. Por eso y nada más.
La habitación estaba a oscuras. Volvió a darle las gracias al viejo, pero este no respondió, o si lo hizo él no lo oyó. Se volvió y salió.


2 comentarios:

Pea dijo...

Hola Joe

Banhart dijo...

Ese bosque no es normal, lo deben haber talado en algún momento...

Saludos!

PD: sí, la tomé yo.

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