Basta un hombre corpulento de pie, intentando ponerse una chaqueta mientras lucha contra el vaivén del bus, para hacerlo dudar a uno si de pronto la micro que tomó hace unos minutos no era realmente un bus interurbano con destino a Curicó y que estamos prontos a llegar al terminal. La mujer que lo acompaña parece buscar algo en su cartera, o tal vez guarda algo, pero siguiendo la ilusión creada por el hombre, parece más bien estar preparando su equipaje de mano para poder levantarse rauda de su asiento y tomar el primer lugar ante la escalera para descender del bus, no alargar sin necesidad este viaje que para mi pareciera recién haber comenzado. Pero no había razón para dudar, incluso si el alumbrado deficiente y el cielo cerrado por la lluvia no dejaban distinguir fachadas ni nombres de calles, incluso si en el fondo realmente hubiera preferido estar a cientos de kilómetros de allí, recién a medio camino de Valdivia, o tal vez llegando a Puerto Montt para luego cambiar la planicie del asfalto por la ondulación salina y enfilar hacia Chiloé. No había razón para dudar, seguía estando donde debía estar según el curso que había tomado el día, pero la calle estaba desierta, todos quienes podían refugiarse de la lluvia ya estaban a salvo, aunque siempre hay nuevas goteras, siempre aparecen nuevas cavidades por donde puede fluir el agua amoldada, burlando silicona y asbesto, brotando invertida, como el más fugaz de los cristales. El curso del día, el curso del agua por la orilla de la calzada, dicen que nada es estático, a pesar que los lugares y las horas se repitan una y otra vez, siempre habrá algo nuevo, un detalle huidizo, una belleza tardía. Pero me miro y que me parta un rayo si no pareciera que esta escena no es más que un fondo reciclado de un metraje abandonado hace años, algo descolorido por el paso del tiempo, al cuál el desgaste le ha dado una nueva profundidad. Pero miro hacia el cielo entramado de nubes y pienso que nadie podría asegurarme que el agua que cae libre sobre mi no es la misma que hace años me acompañó en una noche igual a esta.
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