una moneda nada más

Cualquier cosa puede ser un instrumento, dijo Chigurh. Cosas pequeñas, cosas en las que uno no se fija. Pasan de mano en mano. La gente no presta atención. Y un buen día se pasan cuentas. Y a partir de entonces ya nada es igual. Bueno, piensa uno. Es sólo una moneda. Por ejemplo. Nada especial. ¿De que podría ser instrumento? Ese es el problema. Disociar el acto de la cosa. Como si los elementos de cierto momento de la historia pudieran intercambiarse con los de otro momento distinto. ¿Como es posible? Vaya, si es sólo una moneda. Sí. Es verdad. ¿No?

Chigurh ahuecó la mano y recogió el cambio del mostrador y se metió las monedas en el bolsillo y dio media vuelta y se fue hacia la puerta. El dueño le vio marchar. Le vio subir al coche. El coche se alejó de la explanada y tomó la carretera hacia el sur. Sin encender las luces. Dejó la moneda sobre el mostrador y la miró. Puso ambas manos en el mostrador y se quedó allí apoyado con la cabeza gacha.

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