Es liberador darse cuenta que en realidad no seguías enganchado de la persona como tal, si no de la persona que conociste y que ya no está, porque todo el mundo cambia, evoluciona, para bien o para mal, y la distancia hace perder la perspectiva, cuando vuelves a enfrentarte con la persona sigues creyendo que el tiempo se congeló y es posible meterlo al microondas al mínimo, para de a poco descongelar la carne y los pensamientos y retomar desde donde quedó todo, pero no se puede, no hay freezer lo suficientemente grande para contener una vida, aún menos dos, y de meterse al microondas, seguro te equivocas al poner la potencia en medio del entusiasmo inicial, y terminarás carbonizado, reseco y quebradizo, consumido por el frío fuego de la decepción.

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