Volví a soñar con un mar oscuro y contenido. La noche
anterior fue una porción de mar antártico atrapado dentro de una caverna, sobre
el cuál flotaban bloques de hielo cúbicos o rectangulares, superficies lisas y
definidas. No recuerdo que hacíamos allí, había alguien más creo, pero crucé
nadando de un lado a otro sintiendo en el camino un temor no ante la
posibilidad de monstruos marinos si no que ante la posibilidad de hundirme en
un lugar tan oscuro y quedar por siempre ahí abajo, despierto. Bajo el nivel
del agua no había luz alguna, aunque recuerdo que alguien decía "ahí donde
el agua tiene un tono amarillo, ahí falleció...", alguien, pero no
recuerdo quién. La luz amarilla de fosforescencia tenue emanaba desde una
profundidad indeterminada, pero era visible con claridad.
En el caso de anoche, fue una porción de mar que parecía una piscina, aunque quizá fuera un muelle de concreto, desde el cual se lanzaban hombres a recolectar mariscos, peces o algas, y este lugar estaba situado en Chiloé, pero era una más bien una maqueta, una tierra que podías recorrer de un extremo al otro en unos pocos pasos, cruzando ciudades que no eran más que nombres suspendidos en carteles o proyectos sin concluir. No recuerdo porque estaba ahí en este Chiloé simbólico, menos aún frente a la piscina oscura. Y de pronto había gente presenciando algún espectáculo, un show turístico tal vez, y yo tenía que formar parte de aquellos hombres y mujeres que se lanzarían al mar. Los demás nadadores se lanzaron con ropa y yo no entendía que hacía formando parte del show, que al mismo tiempo se sentía como algo natural, un acto de supervivencia, pero me saqué la polera, pensando en nadar con más facilidad, y sumergí en el mar. Bajo el agua no se distinguían más que formas marrones o negras, a la distancia cardúmenes de peces insignificantes, a los que no podías alcanzar nunca por más que nadaras y nadaras. Sigo nadando entre las algas por unos momentos sin saber bien qué era lo que le debía encontrar ahí abajo, salgo a tomar aire y vuelvo a zambullirme. Al poco rato salí del agua al no haber encontrado nada. No alcancé a notar si alguien había logrado encontrar algo allí abajo, quizá siguieran perdidos entre las algas, después de todo, yo era un intruso ahí.
Una vez fuera de este lugar, continué mi recorrido observando estaciones de trenes, industrias abandonadas, tierra en disputa con los descendientes de quiénes fueron los habitantes que nombraron a esta tierra, y llegué de pronto a una ciudad moderna o quizás solo algo más acaudalada, donde había calles pavimentada, negocios muy pequeños dispuestos uno atrás del otro en rápida sucesión, que ví mientras salía por la boca de un túnel. Iba en camino hacia el sector más alejado de la isla, donde según el mapa que viera al partir mi viaje, ya no había ciudades ni caminos, solamente un manchón verde encerrado por los límites de la isla y sus acantilados. Pero no creo haber llegado hasta ese punto, solamente hasta lo que parecía ser un gran parque recreativo con caminos y senderos, además de una gran laguna torcida como un ocho, brillando su superficie como petróleo inmóvil, de arrugas viscosas y lentas. Había personas en los alrededores, parecían estar teniendo un día de campo, dando paseos y mirando el paisaje, pero yo no me detuve. Me lamentaba de no contar con una cámara fotográfica para capturar un Martín Pescador que estaba posado sobre unos juncos. Después entré en lo que parecía ser un edificio de transición, una estructura que resguardaba el límite entre los caminos de la civilización y la espesura, pero no encontré salida alguna del edificio, no al menos otra salida que no fuera más que un vil engaño. Luego de recorrer un pequeño laberinto dentro de este edificio me encontré sin remedio donde mismo había empezado y comprendí que no tenía caso intentar cruzar más allá.
Anoche, un anoche distinto al anterior, volví a soñar algo relacionado con salir y caminar sin rumbo definido. Respondiendo a una motivación que no recuerdo ahora, emprendíamos una marcha a lo largo de una cordillera en miniatura, toda nieve e irregularidad, yo con dos o tres personas más. Esta cordillera cruzaba la ciudad, y se torcía en noventa grados y...me doy cuenta que empecé demasiado tarde a relatar este sueño, ya olvidé todo lo que ocurría después.
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