bebo
pero solo lo necesario
para ignorar que al dormir, debemos despertar
camino
lo que haga falta
con tal de no respirar otro aire que mi aire
hablo
tan rápido, tan lento
que soy un extranjero, en cada de una de mis pisadas
eyaculo
muy hondo hacia dentro
para negarle continuidad alguna a esta tragedia
que no tiene conflicto ni descenlace
alguno
*****
No me ha dado el ánimo ni el tiempo para transcribir un relato de Bisama que no está disponible en internet, ni tampoco un libro que una tarde me dediqué a escanear antes de devolverlo. Pensé incluso en decir que lo había perdido, y de ahí ver como se podía arreglar el asunto, total, era un libro que casi creían perdido en la misma biblioteca, mejor hubiera estado conmigo que en un depósito a la espera que alguien más se avivara. El libro lo venden como a cuarenta lucas en la internet, hubo una única edición y pare de contar, pero a mi no me interesaba para venderlo, solo quería sentir que lo estaba salvando, así de alucinado. Ya antes había intentado pedir otro libro que también se suponía estaba en el depósito, pero no lo encontraron y procedieron a declararlo como perdido. Como se va a perder un libro de, no sé, seicientas páginas digo yo. Menos mal estaba en otro lado y pude empezar a leerlo, quizá lo termine, algún día. Del mismo modo alguna vez me tocó pasar tiempo en un depósito de biblioteca, subterráneo y helado, para mi solito. No recuerdo si debía buscar libros para préstamo o si guardar libros de devolución. Pero recuerdo apagar la luz con la puerta cerrada, de intentar mover múltiples estanterías al mismo tiempo, sin mucho éxito, recuerdo que había una pequeña radio pero que no funcionaba, tal vez había un hervidor y una estufa, así de helado era el lugar. Y ahora no importa mucho que era lo hacía allí, lo único que importa es que ahora extraño y añoro el tener una ocupación tan simple pero en la cuál te podías perder por unas horas a la semana. Extraño tener que hacer la cola en el banco, junto con estudiantes que hacían ayundatías y funcionarios menores, mirando con desdén a quienes eran clientes del banco y tenían una fila preferencial. Años más tarde yo mismo sería cliente de ese banco, y me daba vergüenza usar la fila preferencial, si es que alguna vez lo tuve que hacer. Desde siempre me ha gustado estar escuchando música y mirando alrededor, siempre y cuando haya algo que mirar. Por suerte nunca eran las mismas personas en la cola. Hablando de colas, estoy leyendo un libro que se llama así, La Cola, y el otro día leí un pasaje que me gustó por lo calcado de mi pensamiento y por lo simple de su enunciación, pero no tengo el libro a mano ahora, como para revisar las palabras exactas. Ahora estoy en el primer piso, que es como el subterráneo de los pisos superiores cuando el límite es la tierra, y tengo frío y quisiera poder apagar la luz y escuchar los murmullos y el caminar de las personas allá afuera.
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