perro o paloma

 

 

 LOS PERROS 

 

los perros pueden ser muy idiotas

y los pájaros también.

pero compare:

los perros ladran muerden y mueren.

los pájaros vuelan.

¿y Ud.? 

 

Claudio Bertoni 




Lo siento Claudio, aún no aprendo a volar como pájaro aunque empeño no falta. Quizás lo que falte sea tornar las vellosidades en plumas y ahuecar los huesos, o comprar unas ala delta y buscar la antena más alta a la vista. Si nada de esto llegase a funcionar, y terminara estrellándome contra el suelo, al menos después podría tomar uno de mis huesos rotos y tocar la flauta un rato, mientras siga consciente. Me pregunto en qué nota estarán afinados el húmero o el radio, que armónicos genera un hueso chueco y hueco, ¿Se podrá fabricar una ocarina rudimentaria usando el hueso de la cadera?

Lo que si te puedo decir, Claudio, emplazado en esta pieza, la misma de siempre desde aquella vez, es que al menos he podido leer un poco de Cioran, un poquito que sea, gracias a una imprenta pirata que encontré por internet (de algo que sirva la tontera esta). Por ahora no pasa nada con Weil: falta la plata, los viajes largos en bus o tren, y falta también ser valiente, apretar los dientes (nunca la lengua), y buscar a quien darle unos charchazos hasta borrarle las orejas (quizás este mal interpretando el mensaje de Weil, mis disculpas si así fuera el caso, aún no leo ninguna de sus obras, siquiera una frase suya en algún post no-tan-viral de internet). Me ha hecho bien leer uno que otro de los aforismos de Cioran, y aunque no creo entender del todo lo que dice, pienso que me han ayudado a sentirme menos solo en mi equivocación, o más orgulloso de este desacierto diario que es mi vida. Ya me tenían chato las respuestas genéricas de psicólogos/as que por mucho que lo quieran negar, siempre habrá una parte de ellos que va a ir detrás del billete antes que del paciente. Es natural, si a fin de cuentas son tan humanos como usted o yo, ni que fueran notarios o conservadores de bienes raíces. Además, por muy obvio que pueda parecer, tener un techo cuesta caro, tener pan en la bolsa cuesta sus monedas día a día, y el gas sube pero ya a nadie le importa, porque bajaron los limones y las manzanas, las sopaipillas vuelven a costar 300 pesos y la gente comienza a creer que es solo cosa de tiempo para que vuelvan a costar 100. Esta nueva precariedad, tan rica en pectina pero tan baja en metano, se convierte en la nueva norma o línea base, y de a poco vamos olvidando lo que hubo antes. Nos reconfortarnos pensando que mañana todo podría estar peor, pedimos al cielo que así no sea, sin pronunciar palabras alguna, tan solo mirando hacia arriba desde una ventana en alguna oficina céntrica o bus urbano.

Pero volviendo al asunto que nos compete, puedo decir en mi defensa que tampoco muerdo, ladro ni mato a nadie, al menos no en forma conciente o por mi propia mano, cuchillo o maní salado (imagínese le convida maní a un alérgico y no haya ninguna farmacia de turno, nunca hay que fiarse de las ambulancias, criaturas caprichosas). Lo que pasa es que, a diferencia de tantos y tan variados perros, yo tengo bien poco de hincha hueas. No existen ni autos ni bicicletas figuradas que me dedique a perseguir dando ladridos desesperados nada más porque puedo hacerlo y dispongo del tiempo y la energía necesarias, porque tampoco es que los perros lo hagan por defender su territorio de amenazas externas, ¿o sí? ¿Cuentan los perros con territorios que sean tan bastos como las calles o avenidas, verdaderos feudos donde las garrapatas labran la piel de sol a sol y los gatos aconsejan desde las sombras? Se suele asociar el territorio de un perro con los escasos metros cuadrados que rodean su casucha o su plato de comida, o a falta de uno, se identifica su territorio con la zona donde algún alma caritativa les deja un poco de pellet los martes, jueves y sábados, en contra de la opinión general de vecinos, agentes municipales y (de)ambulantes varios. Pero si nadie está dispuesto a alimentar a estos perros sin casa, ni tampoco nadie tiene el corazón para exterminarlos, ¿que más se puede hacer? No es que los perros persigan ciclistas por gusto, está en su naturaleza: antes de los ciclistas fueron las carretas, y antes de las carretas fueron las piedras rodantes, y antes de las piedras rodantes no existía perro alguno. Sugiero precaución a quien exponga y defienda la idea que los perros hacen cosas por gusto. Si así fuera, se abre una importante pregunta en torno a la ética y el bienestar animal, que adquiere especial relevancia en la China y en casuchas del campo rural chileno, dónde nunca falta el come-perro. Porque si un perro goza, busca el gozo, con que cara les quitan ese derecho a perseguir colas ajenas o propias, siendo la búsqueda del gozo y la felicidad un valor esencial para el ser humano. Precaución se sugiere frente a temáticas tan complejas como estas, no vaya a ser después que a alguien se le ocurra que las vacas también gozan o pueden tener otras amigas vacas, que una chancha siempre gozará más  al revolcarse en el barro antes que sintiendo el tacto frío de los tubos metálicos que la apresan. Peor aún, no vaya a ser que alguien fuera de sus cabales siquiera piense en insinuar que las palomas no es que sean tontas por hacer nidos tan toscos o poco efectivos, si no que lo hacen por gusto, porque no necesitan más, porque una paloma no siembra, no siega ni recoge miguitas en granero alguno. No vaya a ser que alguien piense en las palomas y su infinito amor a Dios, tan grande que se contentan y vive plácidas de tanto andar dando saltitos con sus muñoncitos y sus colas desplumadas, en busca del grano descartado por el hombre.

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