mil disculpas

si no es lo uno, será lo otro

todas las rocas se parecen un poco, en el lecho del río

uno, uno no es ninguno, la unidad es cosa divina

y como acá nos sangran hasta los pellizcos,

habrá que hacerse a la idea no más, de ser una roca

que el agua va desgastando, tal como lo hace

con todas las rocas con que nos rodeamos

fantaseo con ríos, con ríos que siempre serán el mismo

cuando vuelvas a sumergirte en ellos, que van a saber los sabios antiguos

si un río no se define ni por sus moléculas rocas o sauces

un río puede ser desde el devenir de las masas subiendo y bajando escaleras

hasta el tiempo que se va cuesta abajo en su cascada eterna

porque el tiempo no es circular ni la historia se repite, vivimos creyendo

nada más lo que queremos creer

pero esto solo sirve para sustentar teorías de la mente o la sociología

porque por más que intente convencerme a mi mismo, creer, por fin creer,

que he ido caminando hacia arriba y no para abajo, de lado y de costado,

rodando magullado, a ratos

a veces congelado de miedo ante negros espectros con sus voces de paño

o corriendo porque de pronto había que correr, saltar o darse de voltereta

que se yo, pintar el mono y pretender que bailando todo se olvida,

que la fruta no esconde gusanos ni los dientes alguna carie

como creer lo contrario, y pensar que no he estado dando vueltas como perro amarrado

acortando el cordel con cada giro

hasta que se me tuerza el cuello y se me pongan los ojos, así, medio saltones

como ese actor de cine en sepia, que tanto me gusta 

 

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