El Chupacabras

El otro día en la mañana no sé porque chucha estaban hablando del Chupacabras en el matinal del Mega, después de tantos años sin darle bola al asunto. Demás que han ocurrido otros ataques, como se iba a desaparecer el bicho ese así sin dejar rastro, sin que nadie supiera nada. Estaban los conductores, ignorantes totales sobre la tradición del Chupacabras, mostrando los mismos dibujos ridículos de siempre, acompañados por el chanta de turno. La "noticia" era que a un señor allá por Chuchunco o quien sabe dónde, le habían matado unas gallinas, la noche anterior al día del reportaje. Las pobres fueron atacadas mientras dormían arriba de un árbol, las que sobrevivieron seguían ahí mismo entre las ramas (árbol al cuál subían gracias a una rudimentaria escalera dispuesta junto al tronco, era un árbol alto después de todo). La cosa es que después entrevistaron a otro tipo, otro campesino con pinta de cuentero, pero como yo miraba la tele mientras hacía otras cosas, no entendí si el suyo era otro caso de ataque del Chupacabras, o tan solo necesitaban alargar el reportaje lo más posible, pidiendo la opinión de alguien que tuviera cercanía con la noticia. La verdad, es que incluso si no hubiese estado ocupado haciendo otras cosas y me pudiera haber enfocado con toda mi atención en la tele, al final igual iba a terminar desconectando el cerebro, si era el matinal del Mega, después de todo. La cosa, ahora sí que esto si es la cosa, el meollo del asunto, la motivación detrás de este palabreo, es que mientras le hacían diversas preguntas al segundo hombre, se podían ver detrás de él varias hileras de esos típicos gallineros dónde tienen a las ponedoras, unas jaulas minúsculas de alambre oxidado, donde las gallinas ponen huevos hasta la muerte. Se de primera mano que así es como funciona el negocio, me lo contó una vez el David, el ex de mi madrina, quien por ese entonces trabajaba en la avícola de Chacayal Sur. 

Me relató, sin atisbo alguno de culpa o preocupación, que las gallinas estaban todas desplumadas, con las patas torcidas al no tener espacio, que luego cuando ya dejaban de poner huevos, las mandaban en un camión a Santiago, donde las hacían nuggets o comida para perro, no me acuerdo, a esa altura yo estaba sin palabras, no podía entender como lo contaba así como que fuera cualquier cosa. Me acuerdo que contó otros detalles, atroces todos, pero supongo que eran tan deleznables que no los retuve, para tratar de mantener la sanidad mental, para poder seguir viéndolo a la cara al David, sin pensar que era una bestia. No es que no pudiera trabajar en otra cosa, mi madrina trabajaba en otra cosa, su hija y el hijo del David trabajaban en otra cosa, pero el David era un hombre grande y supongo que no le venían mal las bandejas de huevo que la avícola le regalaba todas las semanas, no como el precio a pagar para comprar su silencio, ya ven que el David lo soltaba todo, y sin que nadie lo apretara mucho. Para peor, esa mañana en el matinal del Mega, estaban trasmitiendo sin ningún desparpajo, como que fuera cualquier cosa, transmitiendo para todo el país y el mundo, para todas las personas que se odien los suficiente como para ver ese matinal, un ejemplo palpable de esas atrocidades que me contó el David, una situación de flagrante y evidente abuso, la cuál sí que ameritaba un reportaje por sobre esa tontera del Chupacabras. Demás está decir que al segundo hombre ni siquiera le habían matado las gallinas, estaban todas vivitas, aunque encerradas, y de matarlas pronto se encargaría él mismo, las despacharía en un camión a Santiago o hacia quien sabe dónde, sin darles las gracias siquiera, o dándoles unas gracias y un adiós cínicos. Pensar que aún hoy en día, pleno siglo XXXXI, todavía haya quienes siguen resucitando al Chupacabras para alimentar burdos intentos de distraer a la teleaudiencia, buscando lograr que se olviden de todos los problemas reales que nos aquejan día a día, de todas las injusticias en el mundo. Resulta inútil además el pretender traer a ese engendro de vuelta a la vida, lo puedo asegurar, no volverá, porque yo mismo maté al Chupacabras de un puro piedrazo en una de sus múltiples y velludas sienes, allá por el año 2007, mientras paseaba por unos porteros alrededor de Molina. Y digo sienes, porque pucha el bicho pa raro oiga, con sus dos cabezas, una como de anciana con los dientes salidos, así como con trompa, y la otra como de serpiente cabezona, con nadita más que dos colmillos en las mandíbulas de arriba, esa debe ser la cabeza que chupa la sangre de los animales, quien sabe que hará la otra por mientras o con que se alimenta. Justo andaba por Molina ese año, visitando a un medio tío que tenía yo (lo mataron el año pasado de un puñalada, nadie sabe si por meterse en una pelea o de pura maldad no más), me llevó al cementerio de Molina para ver la tumba de la abuela Dominga, que era mi bisabuela, la habré visto dos o treces antes que se viniera a vivir a Molina y falleciera, le quería pedir disculpas por haber perdido los calcetines que me tejió (la verdad es que ya estaban todos rotos y los tuve que botar), y andaba bajoneado paseándome por el cementerio, que no sé por qué me suele subir el ánimo, siempre que puedo trato de pasar al Cementerio General en Santiago, cuando ando por los alrededores, como que me trae paz o me recuerda que a la larga nada importa mucho, pero bueno, andaba bajoneado deambulando por el cementerio, como quien dice conociendo, buscando tumbas viejas, pensando en porque cresta dejé ir a unas peucas que más tarde comprendí me estaban tirando el dulce, mientras íbamos viajando en la parte de atrás de la camioneta de mi medio tío, porque él iba con su señora en la cabina (una camioneta de esas viejas, con solo un asiento grande, y la señora era bien ancha), las peucas me hablaban del río y que iban al río que para allá iban todos en verano, a bañarse al río y que de donde era yo, que no conocían Santiago, pero que como va a ser tan feo y gris Santiago, que si yo iba al gimnasio que tenía los brazos tan marcados, y dele que dele, hasta que por suerte se bajaron en un cruce donde me imagino iban a esperar el bus o hacer dedo, para llegar al río. Me imagino que me estaban tirando el dulce, capaz que no, si siempre he sido tan pavo, por no decir otra cosa, siempre pensando en putas tonteras, leseras que uno se imagina. Pero fuera o no fuera, la liebre se quedó durmiendo no más, y yo andaba así bajoneado, dando vueltas entre las losas trizadas, tapadas de musgos o con las letras casi borradas de tantos años a la intemperie, cuando llegué al fondo del Cementerio y vi una pandereta caída, que dejaba ver unos potreros detrás que se extendían, subiendo y bajando, subiendo un poquito más, bajando otra vez, brillando dorados todos del pasto seco que los cubría. Como mi tío con su señora no se veían por ningún lado, pensé que capaz que me hubieran dejado botado si yo ni los conocía de antes y parece que no les caí muy bien, porque más lo que me tramitaron para traerme al cementerio. Además yo ya estaba viejito y peludo como para saber en lo que me metía, no era nada un cabro chico para que ellos tuvieran que andar a la siga mía. Decidí entonces largarme a caminar por los potreros entre las matas de pasto seco, pensando en que mejor me hubiera ido para el río, que la vieja Dominga ya llevaba como diez años fallecida y ni se debía de acordar de mí antes de morir. La pobre vieja, a pesar de haber sido tan mala con los hijos como cuentan, repartiendo varillazos a diestra y siniestra, no se merecía que el mayor, el Julio, la tuviera encerrada en esa casucha tan oscura y helada, en esa población donde la fuimos a ver una vez. Ahí fue cuando me dio los calcetines, nosotros con mi papá le llevamos unos yogures o unos Chiquitín, era bien hueón mi papá, para esas cosas. Por suerte no se agarró a combos con el Julio esa vez, porque el viejo era flaco pero se le notaba que seguía paradito. Ese viejo si que fue malo, tanto que ni vale la pena detenerse más en él. Ese viejo le cagó la mente a mi papá, como que lo traumó pienso yo, y luego mi papá me cagó a mi, porque nunca me dijo te quiero hijo o estoy orgullo de ti hijo, se dedicaba a puro trabajar en una pega penca y todo porque nunca se atrevió a buscar algo mejor, como vino a hacer después, luego de años y años de turnos sin horario, de viajes precarios por Centroamérica, sin saber cómo preocuparse por un hijo más allá de tener la plata mínima para que el cabro viva más o menos bien, sin padre casi, pero bien. Total, como él no tuvo papá. Al final igual terminé pensando en el Julio, que era mi abuelo lo quisiera o no, y en como seguro hubo otro viejo antes que él, y así, para atrás en la familia hasta la llegada de los españoles, hasta la expulsión de los moros o más. Por culpa de todos esos hueones pencas, pensaba yo, terminé siendo como soy, con tanta mala cuea con las minas, tan poca cosa, sin pega ahora ni ganas de encontrar una, para que si después vives para trabajar y no al revés, por eso me mandé a cambiar, para ver que cresta hacer con mi vida, y cuando iba por Molina me acordé de este tío famoso, yendo camino más hacia el sur. Estaban listas las peucas, era cosa de decirles upa chalupa y listo. Pero no, siempre no, todo no, no no no, y caminaba por el potrero cada vez más enrabiado, pero ahora conmigo, que no tengo porque estar echándole la culpa a nadie, si uno solito se busca la que tiene, si nada está escrito en roca, hasta las tablas de Moisés deben haber sido de barro y no de roca, nada ni nadie es eterno en el mundo, y a mi se me está acabando el tiempo y siempre es lo mismo. Miré para atrás y ya no vi el Cementerio, era puro potrero, y una franja de bosque que corría por el lado, de esos bosques viejos que no talaron porque servían para dividir. Hacía calor, si Molina es caluroso, así que me fui a sentar un rato debajo de un árbol, antes de volver al pueblo y ver que hacer. Me habré quedado dormido, porque todo me pareció un sueño de ahí en adelante, una volá de pesadilla, más que un sueño, por que de pronto sentí así como una lengua que me estaba lamiendo el cuello, así suavecito, y desperté con este bicho enfrente mío con los colmillos listos para atacar pero de una patada lo mandé volando. Con el mismo impulso me levanté y me iba a poner a correr cuando escucho una voz que me dice "discúlpenos joven, a veces no hay caso que este patán me haga caso, pero ya ve, que así son los hijos, malagradecidos con sus padres, siempre creen que se las saben todas, pero no saben que el diable sabe más por viejo que por diablo". Era la cabeza de vieja que hablaba, y le entendía clarito, a pesar de tener los dientes todos para afuera y chuecos. Las cabezas se le movían para cualquier lado, y la de serpiente como que se había escondido abajo de la vieja, por la patada que le di. El cuerpo no sé cómo era, como poder describirlo, sin que crean que me lo estoy inventando al vuelo. Diría que se parecía y no se parecía a los dibujos ridículos esos que muestran siempre en la tele, que parecen una amasijo entre un perro, un chimpancé y una garrapata, así que como iban a ser la misma bestia esta que tenía aquí mismito enfrente mío, y la de los dibujos, si esta tiene dos cabezas, y más encima habla, y pucha que habla, aunque como explicar los dos únicos colmillos que tenía la serpiente y también el hecho certero que me había aplicado algún tipo de anestesia con la lengua, cuando me pilló durmiendo (me iba creciendo de a poco un hormigueo por el cuello, esto explicaría como es que las gallinas parecen no advertir el ataque, hasta que ya no les queda una gota de sangre). El bicho este tenía dos patas largas sobre las que se apoyaba, y otras más que eran casi como brazos, pero no tenía dedos o capaz que los tenía todos pegados, como los elefantes, la verdad no sé, era oscuro, la criatura era de color oscuro también, y además yo estaba que me rajaba corriendo de ahí, miraba a la criatura de reojo no más, mientras trataba de ver hacia donde escapar. Pero la vieja me siguió hablando, al ver que yo no me movía ni tampoco le correspondía a su relato, "los hijos no entienden los sacrificios que hacemos por ellos, creen que uno les debe la vida, como si ellos fueran después a hacerse cargo de una cuando ya no se pueda las patas, si este de acá me sigue a todos lados es puro no más porque no puede ir a otro lado, si pudiera irse por su lado ya no lo veo más, no, si nadie valora nada hoy en día, que va a saber este otro el pago que me pidieron para que no se muriera cuando crío, y una que tampoco es profesora, cae redondita en las trampas de los mayores, mire que la única forma para salvarlo va a ser que nos convirtieran en esta cosa, pero era natural, para que me iban a pedir que les llevara un culebrón y un gallo negro, conseguir el lagarto no fue difícil, le robé el que tenía mi patrón, así fue como el viejo ese obtuvo todo lo que tenía, aunque el gallo negro fue más trabajo, si ya casi no que quedan y aunque la tentación es grande, de nada sirve pintar de negro uno normalito, que les revisan hasta la sangre cuando los abren, la sangre también tiene que ser negra, así como alquitranada, así que tuve que vender lo poco que tenía para conseguir el dichoso gallo, luego despellejaron al culebrón y me envolvieron con su piel al crío, mientras nos embadurnaban con las tripas del gallo, púrpuras de lo negras que eran, pero la piel se me pegó y se comenzó a agrandar y cubrirnos todo el cuerpo, se nos deshizo la carne, los huesos, nos soltaron los tendones y los amarraron a unos palos de arrayán y nos largaron afuera de la cueva, ahorita mismo nos ve como quedamos, no si los hijos no entienden nada". Mientras la vieja me hablaba fue que agarré la piedra del suelo y se la tiré justito en la sien, ni alcanzó a gritar cuando se fueron a piso, como que se hubieran muerto juntos los dos al mismo tiempo. "Que irás a saber tú, carcamal del averno, se te olvida que más sabe diablo vivo que muerto", le dije, "y aquí en la Tierra, más vive el hijo que el Padre". La bestia había caído y de ahí mismo donde cayó, ya no se levantó más. Yo estaba fantaseando ya con la platita que iba a hacer, ya veía los titulares en los diarios, "¡Con un puro piedrazo cayó el Chupacabras en Molina!", me iban a llamar de todos los matinales, y yo les diría antes de cortar el teléfono "¡Ni por 100 millones lo tendrán, embaucadores, mal nacidos!", mejor escribiría un libro y luego lo vendería, para que después hicieran una película, uyyy la de minitas que me llovería entonces. Pero poco me duró la fantasía, y cuando ya casi que estaba sintiendo que tocaba con los dedos una piel suavecita, me desmayé y caí como saco de papa al suelo. Alguna cuestión me debe haber echado con la lengua el bicho, que me atontó y me quedé inconsciente, vaya a saber uno por cuanto rato. Estaba clareando ya, cuando me despertaron unos gritos que venían del lado opuesto del potrero, me decían "¡me mataste al perro, atarantado, me mataste al perro!", eran como tres o cuatro hombres que venían. "¿Que perro?" les grité. "¡Mi perro, ahuevonado, ese perro mío!", pero yo puro veía al Chupacabras tirado a mi lado. "¡Chita el perro pa feo!", les grité de vuelta, mientras venían a medio camino, ya corriendo casi al ver que yo me estaba parando. De lejos alcancé a ver como uno de los viejos sacaba una serpiente gruesa que tenía dentro de un morral de cuero, y acto seguido le cortó la cabeza de una pura pasada con una hoja, pero fue recién cuando se puso a llorar la guagua que otro llevaba en brazos, que me cayó la teja y salí apretando cachete por el potrero hasta que llegué a una carretera. Ni miré para atrás, vaya a saber uno lo que pueden hacer con la pura mirada los viejos esos. El bicho quedó muerto y bien muerto que estaba, nadie me va a venir a decir que no era el Chupacabras, con los colmillos que tenía, con la anestesia que te ponía con la lengua. Lástima que por esos años yo ni celular tenía, ¡ni siquiera un lápiz y un pedazo de papel para haber dibujado al bicho! Y que ahora vengan estos chantas de la tele a decirme que el Chupacabras volvió, muy criptozoólogos serán pero en su vida no se han visto más que el ombligo, puro engañando a la gente y la tele como siempre, embolinando la perdiz con tonteras inventadas, habiendo tanta gallina sufriendo, tanto cabro chico sin papá o con uno que es como si no estuviera, con tanta maldad suelta. Ni idea si hoy siguieron con lo del falso Chupacabras en la tele, yo prendí la radio.


 

 

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Recuerde, la tele miente, la democracia no existe y las gallinas son felices.


 

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