a veces escucho sirenas o alarmas y no estoy seguro si provienen del exterior distante, o si nacen en este exterior más cercano que son los audífonos. a veces oigo susurros y más de una vez me he sobresaltado ante la sorpresa de una grito o declamación inesperadas, que se escucha como viniendo oblicuo desde un costado de cada oreja. hace un rato se escuchó una sirena, y por un momento pensé que no existía más allá del aire que llena mis canales auditivos, pero no, si había una patrulla allá afuera, o una ambulancia, y también una calle y luces nocturnas y emergencias que pasarán desapercibidas para la mayoría que ya duerme. al día siguiente, en la micro, de pronto sonará una armónica rudimentaria, y me parecerá por un momento que es aquel hombre ciego que años atrás solía subirse a tocar armónica a la micro, en otro recorrido y avenida, pero al no encontrarlo entre la gente, me daré cuenta que la armónica es parte de una canción y que además ese hombre ya falleció hace mucho, es lo más seguro.
anoche también escuché lo que parecía ser un gato intentando abrir una ventana, sin éxito. un gato que cree, que por ser gato y poder realizar saltos improbables, por equilibrar las patas en una hilera que ondea sobre una orilla, por ser gato libre, entonces tiene derecho a pasearse por donde le plazca y cuando así lo dictamine su naturaleza de gato. pero yo ya no estoy para servir de atajo o túnel para ningún otro gato. he decidido que estas dos gatas que el falso azar humano, que la voluntad de alguien por ahí trajo a mi vida, serán las últimas. aunque debo reconocer que yo también les dije, a mi modo, "aquí pueden yacer dentro de lo que las posibilidades permitan". me gustaría algún día reconfortar a una paloma, hacer el mismo trato con ellas, decirles, a mi modo, que aquí pueden descansar, refugiarse o yacer como estimen necesario, en un lugar donde no habrán jaulas, solo un techo y semillas varias, un poco de agua y el eco del arrullo de cien palomas.
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