Bots y manzanas




Me pregunto como será que llegan los bots a este blog dejado por la mano de dios, tan a mal traer y tan lleno de cosas que mejor sería callar y dejar tapadas por ahí adentro, con restos de café y miga de pan, que se descompongan a ver si luego no brota algo bonito de ese compost de emociones y pensamientos. ¿Habrán llegado luego que subí las fotos del museo precolombino? Es una posibilidad. Pero luego, ¿por que recorrer las otras entradas? ¿Buscarán información personal hasta en los lugares más impersonales que existen? Además, que me podrían quitar, dinero no tengo, y el que pueda recibir, lo tendré que utilizar para pagar un préstamo anónimo y subterraneo que me hizo mi abuela, sin tener ella idea. Por suerte los bots ya se calmaron y parecen haber encontrado otras tierras más fértiles y explotables.

A comienzos de año pensé buscar un trabajo de medio tiempo, había un par de ofertas, una incluso no era de hacer clases, no en colegios o preuniversitarios al menos, si no que a otros profesores. Pero entre lo incómodo de mi horario y frente a la imagen que tengo de mi mismo, la que ya fue fijada y la que invento cuando sea necesario, siempre termino pensando que nadie merece tenerme de profesor. Ni de ciencias ni de nada. Es tan poco lo que se sobre la vida, y ella que va a saber de mi, vivimos cruzándonos en cada esquina, mirando de reojo por si hoy el otro se dignará al fin a dedicar una palabra a su contraparte, pero el silencio es extenso. El silencio es flexible, o tal vez móvil. El silencio no puede ser ausencia de algo, tal vez el silencio sea la conciencia que tenemos de la soledad o el aislamiento, y la mente actúa como transductor que materializa dicha sensación. Me imagino que en estados alterados de la conciencia, es incluso posible sentir silencio a pesar de estar, por ejemplo, sentado en un banco de la Plaza de Armas. Mente sobre cuerpo dicen, y el cuerpo quedó aplastado bajo el peso de tantas cosas que piensa uno, tan densas y alquitranadas, malolientes casi.

He pensado una vez más abandonar todo, borrar todas mis personalidades de la internet, que tampoco es que sean tantas, y así dejar solo la personalidad primigenia, que se las arregle solita o que por fin se rinda. Tengo tres o cuatro amistades que solían formar parte de un mismo núcleo, que ahora se ha ido dividiendo y sus fragmentos adoptando posiciones irregulares y traslapadas. Yo me siento un poco al medio de todos ellos, un puente que une pero no transporta nada. Todos ellos tienen otros amigos, pareja ahora o antes, e incluso vidas más o menos establecidas, en el caso particular de una de dichas amistades. Eventualmente me olvidarán, o mi recuerdo se irá deslavando y de lo que fuera un boceto en blanco y negro, no quedarán más que las formas geométrics que sirvieran de base para la construcción de la historia, de los personajes. Yo no puedo olvidar a nadie de las personas que he conocido, pero yo soy diferente, yo soy un tipo que está cagao' en este sentido, y es que he conocido a tan pocas personas que simplemente todavía no hay nuevos recuerdos que desplacen a los anteriores hacia los confines del olvido y los archivos. Además, algunas de estas personas han significado tanto en mi vida y con tan pocas palabras y horas acumuladas, que se necesitaría de aventuras cinematográficas para dejarles en segundo plano, y ese estilo no va conmigo, aunque no rechazaría una historia de cine independiente o de bajo presupuesto. Una de esas historias sobre personas extrañas, que no causan simpatía ni buscan lograrlo, pero que tampoco son malas personas, es solo que no saben bien como expresarse y desenvolverse en el mundo, que viven la vida pero sin buscar éxito tampoco, solo miran por aquí y por allá, miran las palomas antes que a las personas, a los graffitis antes que a la arquitectura, caminan y piensan, caminan más y dejan de pensar, por calles que no pisaban hacía años, y siguen caminando, solo por caminar, y como no tienen plata ni compañía, mientras caminan van aspirando el humo de cigarros ajenos, y van mirando mujeres ajenas, comiendo la fruta que esté de temporada, sin comprender porque hay tantas botellas y envoltorios plásticos en los basureros al botar el corazón de la manzana, la segunda o tercera manzana del día, y mientras camina va escupiendo pepitas de manzana que fue guardando en los recovecos de su boca, las escupe apuntando a los cuadros fértiles de tierra que están desperdigados entre el cemento, ojalá que le achunte con alguno y crezca un manzano algún día, para que así no tengamos que volver a pagar para poder comer manzanas al caminar.

No sé vivir, y el aprender este cómo se va enredando entre explicaciones pasadas y futuras, más y más, y se vuelve un entuerto que solo crece y crece, ominoso, pero que nunca se desenreda en violenta explosión. Solo crece y crece, y me mira, la certeza que nada se puede hacer, que no hay entrada ni salida de esto, tal vez la hubo en su momento y quedó una puerta olvidada por ahí en una demolición, pero ya no tengo la energía como para salir en su búsqueda. Capaz que hasta esté desarrollando anemia, si en mi inifita estupidez y ante mi incapacidad de valérmelas por mi mismo (para que, si nada hay que quiera alcanzar), decidí pagar la micro antes que comprar mi vitamina. Mejor dejo esto hasta aquí no más que ya me están dando ganas de hacer como que lloro.



PD: Al releer esto me doy cuenta que es cierto que no genero simpatía ni busco lograrlo, al menos al mostrar lo que realmente siento. Inexplicable me parece a ratos la simpatía de algunas personas para conmigo. 

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