Prohibida estoy
Prohibida estoy de librar los tentáculos de mi mente,
las alas de mi lengua arquitectónica,
abrir el paracaídas de mis ojos
y lanzar mis deseos nocturnos a medio día.
Las miradas cercenan el sentido de este grito,
me sancionan si toco el mentón de la muerte,
si atento contra la moral y buenas costumbres
de esta sociedad disfrazada de charol.
Prohibida estoy de amanecer
bajo rocas ensombrecidas de cielo,
pedirte el regreso de mi voz uterina,
la autopsia de mi piel disecada por tu adiós.
Olvido tus manos en mi puerta -te olvido-
reciclo tragedia, rituales y tiempo
en el café bar de mis sábanas
y camino sobre el amanecer que quiere
sobre la noche que quiere
despertar el pulso de mi sangre.
El insomnio me libera y existo en soledad.
En soledad existo sin prohibirme
y no quiero vivir, amar, existir
como ellos quieren que viva, ame y exista.
Aún así,
sé que moriré como todos mueren.
Fotografía visceral
Tengo voz que sabe a sitio común
manos de pueblo con aroma a tilo
un brasero donde quemo ausencias
o algún trozo de cielo cansado.
Tengo sabor a vino
-lo siento por mis pretendientes-
pero huelo a vino, café, cigarro.
Además soy de piel celulítica,
de cadera ancha y tetas caídas.
Tengo la costumbre
de caminar hacia el día
con pasos de toronjil,
y llevar en el ombligo
el remitente de quien soy:
una mujer común con sabor a mate
alguien que sin usar ni vender
máscaras rosadas,
es femenina y misteriorsa
como la poesía.
Poeta
Fumo y fumo entre copa y copa
el mundo se destiñe, a ratos
se me destiñe como la lucidez
inductora de vértigo y de nadas.
El edén inaugura detrás del humo
una señal,
el infierno cobra sentido en cada sorbo
mientras invento versitos
que me enloquecen más que el zumbido
de esta mosca.
Y qué si fumo, bebo para escribir.
¿Te molesta?
¿Sabes como duele ser dios,
crear, eternizar lo creado en un verso,
buscar sentido a lo sin sentido,
buscar en los ombligos un volcán
y estallar
hasta el crimen?
¿Sabes lo que significa escribir?
Es asomarse al espacio del vacío
donde las comisuras duplican el rostro,
donde luzbeles y dioses de barro
juegan a la ruleta rusa,
donde los versos apuñalan
el espejo de una mirada,
donde se envejece entre renglones
y se muere página a página.
¿Quieres poesía?
Escribe.
Mira las naves de tu memoria
aquí todos nacemos poetas.
Sólo tienes que enloquecer
y detener la locura
en el último verso.
Diagnóstico psiquiátrico
Usted dice que se angustia demasiado
cuando piensa en el misterio del universo
en su propia creación o en la creación divina.
Siente que nada ni nadie es perfecto ni absoluto,
que Dios no ha logrado ser absolutamente Dios,
ni el hombre ha logrado ser absolutamente hombre.
Mírese, contemple el océano de su mirada,
el incendio gris de sus comisuras,
la cordillera de su voz arenosa:
todo en usted es una profecía cumplida
de tanto leer y escribir entre duerme-líneas.
Analice las virtudes del sufrimiento,
camine serenamente por el pasado
cierre y olvide cualquier herida
y si encuentra a Dios llorando,
dígale que usted también ha llorado.
Piense que los misterios seguirán sin respuesta
pero usted no puede seguir con esa angustia.
Duerma, relájese y escriba,
escribir le sirve o al menos le ha salvado
y
cuando su ojo suicida tome forma de túnel cerrado
recuerdo el segundo en que la vida le asombró
y comenzó a escribir poesía.
Pereza
Hay días como éste
sin noche ni amanecer,
tan sólo horas estrellándose
en la proa de mis sentidos.
Ignoro tráfico, palabras, voces,
ignoro la ciudad y su forma diluida,
su sabor a letargo
como este minuto
donde sonriente recibo
la anemia de los girasoles.
Sepulto mis ojos en la sábana
que aún estrangula el aroma del sol
respiro el flujo virgen y criminal
que respiran las estatuas,
ese aire receptor de soledades
de regresos y no me olvides.
Desecho la cultura de los años,
ls sabiduría de páginas teóricas
y mi cuerpo alado se contrae
con los muslos esparcidos
al continente de la pereza.
Hay días como éste,
sin hojas, sin niebla,
días bostezados de ocio
donde tan sólo duermo.
De norte a sur
Camino de norte a sur todos los días,
me enredo en la bisgra de un papel
y grito la razón por la que lustro inviernos
en mitad de un verano cualquiera.
Yazgo con ángeles ebrios
en medio de jardines apagados
en el pulmón anónimo
de un abril sin calendario.
Soy la profeta de bares y otoños
una penitencia pagada
una trotamundos
que camina de norte a sur
todos los días pendientes.
Sobre un trasnochado girasol
vuelvo de una eternidad a otra
buscando un nuevo amanecer
para llevarme a los labios.
Eternidad de una noche
Repito a diario el suicidio dejado en la mesa
el insomnio efervescente, la embriaguez necesaria
para no enloquecer en la madriguera de mis pupilas.
En esta noche él construye mi lamento,
su abandono y ausencia reparten angustias
a todo habitante de mi ser.
En esta noche él acaricia y se entrega
a cristales ajenos a mi piel.
Duermen y mientras duermen,
aúllo sobre las paredeces
que sostienen mi rostro enlagrimado,
el insomnio rompe las vísceras del sentir,
descuartiza la cordura que tengo
en esta hora sin remitente.
Trasnochada con mi espalda de bronce
recojo las quemadas cruces,
el caudal de mis ojeras,
las súplicas elevadas al infierno.
Y fumo y mientras fumo
veo como la angustia se baña en el café
y lloro,
al saber que en esta noche es otra
quien se evapora junto al hombre que amo.
Bajo los pies de la noche
Bajo los pies de la noche
lo veo,
lo presiento besando estrellas
que no son de mi galaxia,
de este firmamento
donde los ocasos se rompen
sin el huésped de su voz.
Acaricio los pupitres de esta hora,
el invierno juega con su amarilla infancia,
amanece
y se agrava el eclipse de mi piel
que aún espera el río de su boca.
La ausencia de sus manos ahoga
el pulmón de mi grito.
La eternidad y el infierno son pequeños
ante la herida de mi alma,
ante esta parálisis donde siento el dolor
en su más cruel y nítida pureza.
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