yacía ahí
un espejo torcido
en ángulos de voz aguda
y vibraba, campana lustrosa
mecida por telarañas de fluido espeso
que brota desde todas nuestras cimas, puntas de los dedos
y desde cada uno de los cabellos erguidos.
es necesario marcar el paso irregular, trepar escalones
de peinada felpa, aferrarse al cordón vegetal que nos busca
mover que sea un párpado en signo de vida,
pero en cada respiración nos vamos abandonando,
dejando cuerpos como estelas o estelares conformaciones
como girasoles de polvo y vacío, polvo que se desprende
de los pulmones en cada exhalación que nos atrae hacia el final,
conclusión inevitable y deseada, que seguro
ha de ser el estallido repentino de unos labios pulsantes
la fractura de unas aguas de vetas de plata gris,
o el volcamiento de una montaña bifurcada por sierra inhóspita
que nos aplasta y rodea asfixiante, con su aroma de aire ausente,
que nos entibia y calma este repicar de los huesos
con el calor de su carne de madero, que arde y nos consume
en una misma ceniza
*****
nadie debe saber la verdadera visión que indujo este desvarío
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