rama


Mi hermana criaba palotes cuando estaba en el colegio, los tenía dentro de un bidón, seguro uno de vino, al que le habían introducido hojas de pimiento y hecho decenas de perforaciones de minúsculo tamaño para que los bichos no se asfixiaran. Decían que ese era el árbol favorito de los palotes, aunque nunca he visto ninguno ni en las ramas de un pimiento ni bajo uno, un palote que ya no tuviera fuerzas para aferrarse a las ramas y hubiera caído. Ella no jugaba con ellos, no los sacaba del bidón, todo era por la ciencia y nada más, un criar palotes sin otro fin que verlos florecer y luego caer en desgracia. El origen de este cuestionable experimento estaba en una profesora de ciencias demasiado entusiasta, el solo hecho que unas niñas mostraran tal interés y compromiso en recolectar y cuidar de insectos como los palotes la dejaba satisfecha, a pesar que no hubiera hipótesis alguna por probar ni conclusiones que sacar. Esto sería tarea de las profesoras que vendrían después, ella cumplía con despertar el interés y punto. Y era loable que hubiera logrado algo así, puesto que, como pocas personas saben, los palotes son insectos en extremo peligrosos y nadie debe bajar su guardia al momento de enfrentarse a uno, claro, a menos que desean una muerte horrible. Pues verán, los palotes no son solo ávidos consumidores de las hojas y frutos del pimiento, también han desarrollado, a causa de la necesidad y el azar, un apetito malsano por los sesos de mamíferos de gran tamaño. Es probable que todo empezara con guanacos o sus ancestros buscando sombra donde reponerse, pero el pequeño tamaño de sus cerebros no compensaba lo accidentado que resulta cruzar el canal auditivo de este o cualquier animal, lo que evitó que la selección natural torciera el apacible destino de los palotes, convirtiendoles en parásitos depredadores. Todo esto cambió con la llegada de los humanos y su afán por recoger ramas y leña para realizar diversas tareas, sin pensar jamás que un insecto en apariencia inofensivo pudiera suponer riesgo alguno. Los palotes se dejaban caer sobre las cabezas y los cuerpos apenas sentían el aroma de un mamífero, o tal vez sintieran las pulsaciones eléctricas en esas masas pensantes cuyo gran tamaño pudiera generar ondas con la fuerza suficiente como para ser percibidas en lo alto de la copa de un árbol de pimiento. Las personas los tomaban por restos de ramas entre sus cabellos y nada más, muchos palotes fracasarían en forma abrupta al ser sacudidos por un par de manos y caer al suelo, pero otros lograrían ocultarse entre las cabelleras, esperando el momento oportuno. Los especímenes de menor tamaño resultaron ser los más exitosos en realizar el tortuoso viaje entre la oreja y el cerebro humanos, pudiendo sortear con menor dificultad los estrechos canales. Una vez en el cerebro, comienza un pausado festín que durará años pero que sin que nadie pueda hacer nada al respecto, llevará un día al huésped a encontrar una muerte inesperada y misteriosa. La masificación de la autopsia llegaría demasiado tarde, y la distancia que irían tomando los humanos de los árboles harían cada vez más infrecuentes los casos mortales. Tampoco ayudaría la tendencia a la calcificación que tienen dichos insectos, gracias a lo cuál, en las contadas ocasiones donde se ha practicado una autopsia a una víctima de un palote, se les ha solido confundir con malformaciones calcáreas, caprichos oseos que pudieran ser la causa de muerte pero cuyo origen seguía yaciendo en el interior de la víctima. Por suerte mi hermana nunca sintió el impulso de sacarlos de su contenedor, se limitaba a observarlos en su vaivén continuo ahi dentro, aferrados a las ramas, pretendiendo los bichos ser mecidos por el viento, un viento inexistente, sintiendo un hambre malsana que jamás deberá ser saciada.

No hay comentarios.:

Último post

que será del viejo claudio, que se reponía con harina tostada de las paladas y las carretilladas

¿Que tenemos hoy para comer? Un rico ulpo, cortesía del ermitaño que tuesta granos sobre su estufa a leña, quizás su posesión más valiosa (a...

Lo más visto: