tres sílabas

 Me acordé que iba una señora con el que parecía ser su nieto, en la feria, un niño de unos 2 años, o tal vez un poco más. El niño iba comiendo un trozo de plátano, ya le quedaba menos de un cuarto de un plátano promedio, y la señora le repetía "ba na na", y el niño solo la miraba, o tal vez balbuceaba algo que entre el bullicio de la feria no logré escuchar, "¿que está comiendo? ba na na", con las mismas pausas entre cada sílaba cada vez que repetía la palabra, ba na na, y no había caso con perderla, hice amagues, fintas, pausas que te pueden costar una carrera, pero demasiada gente caminando demasiado lento por una calzada demasiado angosta, y la señora volvía a aparecerse frente a mi, atrapada ella misma entre la masa de gente, una masa espesada bajo el sol que nos robaba la humedad, y la señora no cesaba en su soliloquio, ba na na, y de donde habrá sacado que el plátano se llama banana, y porque su esposo no le decía nada, que dejara comer tranquilo al niño y que mejor le ayudara a comparar precios, que no ve que los damascos están muy caros, ba na na, y el niño solo la miraba y comía su plátano, ba na na, y ya era exasperante, BA NA NA, pero por suerte llego el punto donde suelo dar media vuelta y por fin pude dejar atrás a esa señora, aunque todavía la escucho en mi mente, ba na na, y apostaría a que seguirá repitiendo esa palabra una y otra vez, por años, incluso hasta el punto en su nieto ya sepa hablar y le diga que no, que eso se llama plátano, pero que podrá evitar que la señora eluda dicho cuestionamiento con maestría y le responda, con una amplia sonrisa de satisfacción, "plá ta no".

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