a que cresta vine, me pregunto
sin saber si hablaba de un día, año o vida entera.
me senté frente al computador y al ratito
se me esparció esta nausea por todos lados del cuerpo
las manos y brazos unas hilachas sin cortar, las piernas metidas en dos hormigueros.
miras para acá y para allá, y la cabeza se te queda atrás, para volver
con un vaho de absurda realización, que te pregunta "a que cresta viniste".
pero es que las nauseas no han cuajado todavía, el dolor de cabeza se derrumba ante el paracetamol
las manos débiles todavía pueden teclear, no se necesita vitalidad para teclear palabras ajenas,
las piernas podrían estar ausentes, en estos días de estar sentado hasta que la espalda
se vierte hacia adelante, hasta que por fin pareces un caracol.
me imagino que los caracoles no se enferman, que al menos no se agripan
ni se deprimen, ni tienen herpes o dermatitis seborreica,
preocupados solo de no morir aplastados, acaso se tengan que preocupar de algo.
pero no somos caracoles, no contamos con tal bendición
así que me amarro la espalda con un alambre, que tiro hacia arriba,
que se enganche en algún lado, en el nudo de un árbol, en un clavo mal clavado
y tiro del otro extremo hasta deletrear v e r t i c a l i d a d con mis vértebras.
aprovecho el trámite y me entablillo los brazos y dedos, con ramitas y huesos de pollo que alguien dejó,
reemplazo la carne por barro seco, basta con eso de sentirse gelatinoso, mi tono muscular
será mayor o sostenido, mi vigor una proclama trasnochada.
como una momia primitiva sobreviviré este día y esta vida.
acaso esto signifique ser humano por sobre caracol, enfermar y poder reconocer la enfermedad,
realizar ataques planificados de antibiotico o quimioterapia, postrarse en rendiciones pasajeras,
esperando el acuerdo de paz, la tregua que permita
convencerse una vez más que valió la pena sobrevivir
a la enfermedad
y a la muerte,
aunque sea por un ratito nada más.
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