un borrador que debió quedarse así

Estaba tan solo que siempre terminaba planeando escenarios y encuentros precisos con personas que alguna vez conoció pero que el tiempo se había llevado lejos. De puro solo, se lo pasaba imaginando como se iría tejiendo el diálogo en estos encuentros, conformando poco a poco una obra memorable, una novela o un poema que estaba condenado a ir desapareciendo al tiempo que el eco de las palabras no escritas, fuera colapsando en el espacio.

Yacía él en el fondo, perdedor eterno de una carrera que estaba pronta a darse por concluida. No le quedaría más que ver cómo todos los demás corredores cruzaban la meta, mientras él tropezaba una y otra vez como en un mal sueño, con una misma piedra que iba mutando de forma, a veces de una redondez absoluta, otras de una irregularidad extraña, como de otro mundo. Una vez, la piedra se le apareció tan pulida como un espejo de sílice, y pudo verse a si mismo reflejado en el pequeño pedruzco. Esa vez cayó tan fuerte contra el suelo que se le sacudieron las entrañas y las ideas, trató de ponerse de pie pero se le temblaban las piernas, más parecían tallarines recocidos colgando desde el borde de un plato que alguien dejó olvidado sobre la mesa. En otras ocasiones había percibido sus piernas como si fueran cordones desatados de un torso.

La soledad y el estar consciente de esta distancia que se hacía insalvable, arrastraban sus fantasías hasta rincones vedados, iluminados por la luz al final del túnel. Ya no planeaba encontrarse con nadie más que consigo mismo en el fondo del canal. Por suerte, siempre lograba imaginarse saliendo a flote a tiempo, antes de perder la última bocanada de aire que intentara en vano ocultar dentro de sus pulmones. Siempre salía a flote y recordaba que el simple hecho de no morir ya era algo importante; se podía decir, por lo bajo, que no era poca cosa. Era entonces que pensaba que si, que era posible que hubiera algo más que sumirse en estos escenarios improbables, surcidos por diálogos de puntadas demasiado exactas, no podía ser que todo terminara reducido a quedarse sumergido al fondo de un pozo muy hondo, ahí no más, viendo el sol cruzar el círculo mayor de la boca del pozo, allá arriba, una vez al día. 

Por ahora seguía con vida, pero esto significaba que seguí también frente a él un problema sin solución, al que ninguna respuesta lograba darle conclusión. La pregunta era tan simple en principio, pero así han sido siempre las grandes preguntas, meras puertas que nos separan de aquellos caminos sin fin que por lo general optamos por no recorrer. ¿Que era eso que estaba más allá? Llegar a una cima, encontrar el fin de una caverna, cruzar un desierto, para nada más terminar queriendo huir del aire enrarecido, del eco de nuestro corazón entre las paredes de roca, del mundo de los mercaderes y los obispos que jamás han quemado su carne y su espíritu al pisar la arena ardiente, solo por que sí, porque se puede.



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Ha comenzado un nuevo año, pero aquí eso no le interesa a nadie. Cada momento es un nuevo año, los hitos son tan infinitos como arbitrarios. Ademàs, cualquier día es un buen día para caerse al litro.



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