13/05/2024

Puse la alarma más temprano de lo usual, ya que hoy tengo que quedarme en la casa, pero no hubo caso, igual terminé levantándome hora y media después de la cama, más que nada porque ya necesitaba ir al baño. Las disculpas correspondientes con la gata cuya comodidad tan profunda y somnolienta no merece ser perturbada por asuntos humanos, y me levanté.

Vi que la taza seguía sobre el escritorio, con el té que pretendía tomar anoche pero finalmente no volví a tocar luego de dejarla sobre el mueble. Ayer me dolía el cuello así que me recosté un rato con un guatero en el cuello, de guata en la cama. Recuerdo haber escuchado parte de un video sobre el trastorno límite de personalidad, y pensar "no, así no soy yo", con cierto alivio. El guatero hoy yacía en el suelo, a un costado de la cama.

Hay personas que no son capaces de ducharse en forma regular, no por no tener acceso a tan básico implemento, y hay personas para las que la ducha forma parte de una rutina perfectamente distribuida dentro de un bloque de tiempo acotado, uno de los bloques en los que organizan sus días y entre los cuáles van dando saltos, un mero trámite dentro de la vista panorámica del día. Para mi, ducharse no es lo uno ni lo otro, pero tampoco es un punto intermedio, más bien es un punto de inflexión, capaz de disipar las dudas más densas acerca del día y la vida en general, para reemplazarlas por una bruma tibia que llena los pulmones y relaja la respiración. Poder ducharse, tanto en el sentido de tener acceso a una ducha y tener la capacidad física y mental de realizar el acto de ducharse, me hace recordar que no todo está perdido y nada es tan terrible como creo, al menos por ahora. Claro, han habido periodos breves de tiempo en que la ducha quedó de lado, periodos de inestabilidad en la red de agua potable o en periodos de vacaciones en lugares donde no debiera importar mucho el no ducharse, pero estos son casos aislados que no vienen al caso ni logran cambiar la tendencia general.

Quedarse en la casa tiene aspectos negativos, sé que no podré avanzar casi nada en todo lo que tengo pendiente, tal nivel de distracciones hay y no puedo simplemente ir a un cuarto y cerrar la puerta, no puedo dejar a mi abuela sola demasiado tiempo, empezaría a sentirse abandonada y podría dejar, sin querer, abierta una llave de gas en la cocina, o dejar hirviendo por más del tiempo adecuado la coliflor, dejandola pulposa y poco apetitosa. Pero también tiene cosas positivas, puedo ver a las gatas ir y venir, puedo estar con la perra que siempre necesita estar con alguien, puedo tomar té sin preocuparme de todas las veces que tendré que ir al baño. Hay más cosas que ahora no recuerdo y con las que tal vez me reencuentre durante el día. 

Ah, sí, puedo dejar prendida la tele y escuchar un matinal, donde entrevistan a un ahora senador que dice haber sido abducido el año 2012, "Fui abducido" le dijo a un diario, "Llegó un viejo pelado chico a mi oficina" le indicó a otro medio, y remata con "Me trajo unos papeles secretos de la NASA". Es bueno reirse, mejor aún de cosas como estas.




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