Anoche me puse a escuchar Pixies antes de dormir, partí con el Surfer Rosa. He estado escuchando harto Pixies después de ver y oír esa grabación de un recital de 1991, nunca había pensando en buscar "Pixies live" en Youtube. Son una banda que podría haber conocido hace mucho, años antes de cuando me tocó conocerlos, digo conocerles más allá de "Here comes your man" que es una canción muy popular, los podría haber conocido en los años de colegio, no porque algún compañero/a los escuchara, si no que por la pareja de una tia que tenía el Surfer Rosa en su pequeña y ecléctica colección de CDs. No recuerdo haberlo visto nunca escuchando alguno de esos CDs, quizá alguien se los regaló en parte de pago por un trabajo, el tipo construía piscinas, de esas que van en la tierra, enterradas. O tal vez fueran regalos de último momento, escogidos sin darle mucha vuelta al asunto. Lo que si creo que fueron parte de un pago, era esas reproducciones baratas de pinturas que por muchos años cubrieron las paredes de la habitación de mi tía, incluso después de haber terminado con el Pato. La diferencia de edad y carácter se mantuvo siempre, el fin era cosa de tiempo.
Yo veía la carátula de ese disco, con la mujer de pecho descubierto, en blanco y negro o sepia tal vez, y me imaginaba una música horrenda, ochentera, de falsa afección, pensaba que eran la clase de banda que terminaba en la colección de un tipo que realmente no escuchaba musica, solo se explicaba su presencia por mero descarte y movimientos del azar. Pasarían varios años, hasta el 2009, cuando volvería a encontrar a los Pixies, el Doolittle para ser más precisos. Estuve un tiempo obsesionado con Hey, como es común en mi, eso de obsesionarse con una canción y escucharla decenas o cientos de veces. En ese tiempo deben haber sido solo decenas, ya que los MP3 funcionaban con pilas AAA y era común que estas se agotaran en el momento menos esperado y que no tuvieras monedas para comprar una nueva. Anoche no fui capaz de recordar porque llegué a ese álbum, nadie en la vida real me los recomendó y nunca me he topado con nadie que esté escuchando Pixies, a pesar que deben ser bien famosos entre la gente alternativa y seguidoras de El Club de la Pelea (aunque esa película ya no me gusta mucho). Tal vez fuera una de las personas con las que interactúe por Blogspot durante los años 2009 y 2010, a quien le gustaban los Pixies e incluso me dijo una vez que ya tenía su entrada para el recital que hicieron, supongo que el del 2010, con Kim Deal todavía presente. Esa misma persona también fue la responsable de meterme en el mundo del metal y sus variantes, sin sospecharlo nunca ella. Yo le mostré unos cuentos de Bukowski y canciones de Charles Manson que ella no conocía. Pasando y pasando, como versa el adagio popular. Otra persona con la que también interactuaba una vez mencionó un cuento en una de las respuestas que dejaba, y todavía no logro encontrar que cuento es. Hace poco, luego de haber vuelto a leer esa respuesta en particular otra vez, luego de meses o un par de años, me topé con el mismo cuento en el capítulo de un podcast, pero todavía no logro dar con el capítulo ni el minuto donde lo nombran. Malditas coincidencias, me zumban como mosquitos divinos buscando que abra los ojos ante la picazón de la curiosidad, pero yo solo las aplasto una por una, y las olvido, sus picadas ya no son más que marcas en la piel de origen olvidado.
De nuevo volverían a pasar años para que otra persona de la internet, ya en otra plataforma que evitaré mencionar por lo infame, compartiera una canción del Bossanova, quizá Velouria o Is she weird, y me estimulara a escuchar más de los Pixies. Ese album lo tengo en CD hace un tiempo, gracias a la feria y sus constantes bendiciones para conmigo. Por ese mismo tiempo debo haber escuchado también el Surfer Rosa y caído en cuenta que había perdido la oportunidad con el CD de la pareja de mi tía, hacían 10 años tal vez, y que incluso podría haber sido mío de haberlo intercambiado con mi primo por cualquier otro CD, así como cambiamos uno de Jimi Hendrix que tenía la pareja de mi tía, por el Morrison Hotel que tenía yo y que mi primo quería, ya que decía querer tener todos los discos de The Doors, no sé si alguna vez lo logró. A la larga yo salí perdiendo con ese intercambio, ahora que lo pienso, ya que casi nunca escucho Jimi Hendrix, pero jamás he dejado de escuchar The Doors, desde que tuve el primer CD pirata cuando iba en séptimo básico y la Mariela puso un CD suyo en la radio del curso, aunque no recuerdo si le pregunté directamente a ella por quienes eran o si lo deduje después con alguna pista que encontré por ahí. Tengo otro primo, mayor que yo y mi primer primo, un tipo alto y flaco, medio pailón, una vez me dijo que no le gustaban los Doors. Menos mal que ya nunca lo veo ni mucho menos hablo con él. Igual que Jimi Hendrix, ya nunca escucho Nirvana, que conocí mejor al mismo tiempo que Pixies, el 2009. Por suerte nunca compré ni intercambié ningún CD de Nirvana, como para tener que lamentarme ahora.
Volviendo a los Pixies, tuvieron que pasar otra vez años para darme cuenta que había otro disco que desconocía, el Trompe le Monde. Recién el año pasado una cabra que a mi me gustaba, pero es probable que yo no tanto a ella, no lo suficiente al menos como para haber sido honesta desde un comienzo, me compartió un día la canción del mismo nombre preguntando si me gustaban los Pixies, y yo pensé que debía ser de un disco reciente o algo así. Perdido total.
Anoche me puse a escuchar el Surfer Rosa, pero creo que me quedé dormido a la mitad de Vamos, me faltó poco para escucharlo por completo antes de dormir. Luego creo que desperté en el coro de Hang Wire, y luego definitivamente en Trompe Le Monde. Me parece raro no haber despertado en ningún punto de el Doolittle, quizá Trompe Le Monde me resulta más significativa o quizá solo sea que caigo sin demora en un sueño profundo, del que emerjo 17 canciones después. Hoy escuché de nuevo el Surfer Rosa, completo, luego el Bossanova, el Trompe Le Monde y creo que el Doolittle también. ¿Por que lo hice? Ni idea. Luego, anoche, no hoy, me puse a escuchar unas canciones de Roberto Carlos, por la proximidad de las carpetas más que nada, salté al poco rato hacia las canciones sueltas, su visita de rigor a 2022 por las madrugadas, y luego subí hasta Y si no Fuera, para intentar adoptar una postura más positiva antes de volver a dormir de una vez por todas.
Tengo que dejar de realizar este ritual absurdo de dormir escuchando música, esperando despertar en alguna canción que entonces me parecerá increible por lo alterado de la audición y la conciencia cuando uno está a medio camino entre el sueño profundo y la vigilia, esa que arde en los ojos.
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Los momentos antes de los múltiples Ride Ride Ride Ride y los Ride Ride Ride Ride que se sienten con anticipación en River Euphrates, generan una extraña alegría.
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